Akros 7 SRL, millonaria estafa que embaucó a un centenar de personas con hasta $us 200 mil en La Paz y Santa Cruz

Foto: RRSS

Operaba como inmobiliaria y también como financiadora. Abogados realizan investigaciones en busca de los acusados y de otras víctimas.

Al menos un centenar de personas de La Paz y Santa Cruz afirman ser víctimas de estafa por parte de la empresa Grupo Akros 7 SRL, una inmobiliaria que también operaba como financiadora directa para la compra de bienes, a bajos intereses y con varias ventajas. Los afectados entregaron desde 20.000 hasta 200 mil dólares, ya sea para comprar un departamento o para ser prestamistas o inversionistas.

“Estamos investigando una estafa de gran magnitud, desarrollada por Akros 7. Se presentaba como una empresa seria, con inversión extranjera, oficinas modernas y buenas propuestas. La gente cayó, no tuvo  ninguna protección y fue sorprendida en su buena fe. Al momento son unas 100 personas afectadas, pero  pueden ser más, porque operaban en todo el país. Hay víctimas en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz”, afirmó el abogado Jaime Soliz, desde Santa Cruz.

Manifestó que La Paz fue la región en la que más personas logró captar la inmobiliaria. Entre los afectados no sólo están personas naturales, sino constructoras  y otras inmobiliarias.

Página Siete llamó y envió mensajes a los tres ejecutivos de la empresa P.H.V., Z.H.V. y V.H.H.V.  Sus teléfonos  están desactivados para llamadas, pero mantienen activo el WhatsApp. Uno de ellos recibió los mensajes pero no respondió. El presunto abogado de  la empresa tampoco contestó a los requerimientos de este medio.

Según el abogado y las víctimas, el paradero de los tres ejecutivos es desconocido y el sistema del Ministerio Público registra varios procesos en su contra. 

Por seguridad, la identidad de los afectados se mantendrá en reserva para evitar represalias.

“La casa  que te mereces”

“Compra en cuotas el hogar que te mereces,  sin financiamiento tradicional, en cuotas fijas sin interés, sin trámites burocráticos. Llegamos para revolucionar el concepto de bienes raíces en Bolivia”. Ése fue el lema con el que Akros 7 ofrecía sus servicios en todo el país. La oferta era atractiva, había premios, sorteos y hasta descuentos en las cuotas para quienes pagaban a tiempo.

Prometían que no se recurría a un financiamiento bancario, sino, a uno propio y directo.

“Al principio dudé, porque la oferta parecía muy buena a comparación del banco u otros financiamientos directos que hay. Dijeron que era porque tenían recursos e inversores propios. Ellos comprarían el departamento y asumirían la hipoteca, serían como mi intermediaria que me financiaría. Yo pagaría el enganche, las cuotas e intereses de la deuda a Akros”, explica una de las personas que accedió a comprar un departamento en un proyecto habitacional de La Paz.

Como pago de entrada dio el 30% del costo del  bien inmueble. De ahí en adelante sólo cancelaría las cuotas. Pagó unas cuantas y de repente la empresa empezó a tener problemas para pagar a la constructora. Se reunió con la ejecutora del proyecto y supo que de todo lo que había  pagado, sólo un pequeño porcentaje fue entregado para la compra del departamento, el resto del dinero había desaparecido.

“A mí me pasó lo mismo. Fue la constructora la que me dijo que no le habían pagado, aunque yo cubrí casi el 40% del total. Ahora la constructora quiere que yo le pague,  pero no tiene ningún contrato conmigo, sino con Akros 7, y yo ya les di el dinero”, relata otro afectado desde Santa Cruz.  

El jurista Soliz explica que Akros 7 tenía, o decía tener,  la representación de más de una decena de proyectos inmobiliarios en La Paz y Santa Cruz. Añade que hay casos en los que se usó el nombre de las constructoras sin autorización.  

“Ellos vendían  estos espacios habitacionales, recibían el dinero pero no pagaban la totalidad. Por decir, el comprador daba a Akros 20.000 dólares para pagar  el enganche de la venta o  preventa de un departamento. Akros recibía los 20.000, pero depositaba a la constructora sólo 2.000 y luego ya no cumplía con el resto de los pagos. Mucha gente  canceló, supuestamente, un 30% de  algún inmueble, pero el pago final apenas llega a un 5%. En algunos casos, menos”, detalla.

Según datos recuperados del portal web de Akros 7 (que fue cerrado, al igual que sus cuentas en redes sociales), el pago de entrada para los inmuebles en venta era del 30% del costo total. En las preventas, era del 15%.

A inicios de 2021, S.M.R. decidió comprar un departamento. Encontró uno a su gusto en Santa Cruz. Se contactó con una empresa inmobiliaria cruceña, para ver si podía hacer la compra desde la ciudad donde radica. Allí le informaron que no tenían sucursales en otros departamentos, pero que sí tenían una empresa con la que podía contactarse: Akros 7.

Le dieron el número de contacto y le dijeron que ellos se encargarían de todo. Sin dudarlo, firmó un contrato y dio 22.000 dólares para pagar un departamento en preventa en Santa Cruz.

Al principio le mandaron fotos del avance de obras y fue pagando las cuotas puntualmente. Por noviembre, cuando se acercaba la fecha de la entrega, pidió ver cómo estaba el departamento, no lo conocía físicamente. 

Como respuesta recibió  que había una demora. Un mes después insistió y le enviaron las mismas fotos del principio. Para enero de 2022, cuando tomó contacto con la constructora, le dijeron que de los más de 26.000  dólares que ya había pagado a Akros, la constructora sólo recibió 5.000. Se dio cuenta de que le habían engañado.

“Llamé a la inmobiliaria de Santa Cruz  que me contactó con Akros, pero me dijeron que ya en diciembre habían avisado a todos   sus clientes que la financiadora no era confiable y que tomen sus recaudos. A mí no me avisaron y ahora se hacen los locos. Cuando fui a Akros ya los responsables habían escapado”, lamenta.

Son tres los afectados (de todo el eje troncal) que apuntaron a esta inmobiliaria de Santa Cruz, como a la que los derivó a realizar el financiamiento con Akros 7. Esta segunda inmobiliaria deslindó toda responsabilidad.

Los montos más altos

“Algunos cayeron como compradores intermediados por la empresa y otros como inversores o prestamistas. Los montos estafados más bajos, en cada uno de los casos, oscilan entre 15.000 y 25.000 dólares. Pero hay los que tienen mayor pérdida, éstos están pasando los 200 mil dólares”, sostiene Soliz.

Entre este último grupo están los inversionistas y los prestamistas. Algunos invertían para ser copropietarios de alguno de los proyectos y otros prestaban a la empresa un capital.

Según los contratos a los que Página Siete  tuvo acceso, el préstamo se hacía con un interés del 3%. Este porcentaje era pagado por Akros al prestamista, de forma mensual. Al cabo del tiempo pactado, la empresa debía devolver el capital en su integridad en 10 días calendario. Esto es lo estipulado por los  documentos privados que firmaban de mutuo acuerdo ambas partes.

“En mi caso son varios préstamos. Todos bordean los 50.000 dólares. Al principio me pagaron tal como decía el contrato, pero ya por noviembre (2021) indicaron que no podrían pagar ese mes, que en diciembre depositarían de los dos meses. Pero hasta ahora, nada. Me quedé sin nada porque les di todo mi capital”, explica una de las personas que  realizó los préstamos.

Otros dicen haber entregado montos mayores a 70.000 dólares, 150 mil o incluso 200 mil “en partes o de un tirón”.

De acuerdo con los contratos, en caso de incumplimiento en el pago de la deuda, por parte de Akros, el cobro debe realizarse a través de un proceso ejecutivo civil. La dificultad para poder activar estos procesos radica en que los contratos deben estar vencidos e incumplidos y muchos tienen vigencia hasta el segundo semestre de este año.

Una de las cláusulas del contrato indica que  si el acreedor pide la devolución de su dinero, antes del plazo establecido, el monto será devuelto con un descuento de todos los intereses pagados hasta la fecha de la solicitud.

Soliz indica que  llama la atención que Akros 7 trabajaba no sólo como inmobiliaria, sino, como una intermediaria financiera, sin haber llamado la atención de la ASFI. Los clientes de Akros afirman que todo movimiento de dinero se hacía  a través de cuentas bancarias y transferencias de banca móvil.

“La ASFI nunca sospechó de los movimientos. La misma AJ autorizaba sorteos y promociones. Ahora todo ha quedado impago. En Santa Cruz ya hemos iniciado algunas acciones penales”, sostiene el abogado.

Cuando los problemas empezaron, hasta las oficinas de Akros llegaron varias personas molestas. Aunque los ejecutivos afirmaban que solucionarían el tema, de un día para otro se trasladaron y luego desaparecieron.

Cerraron las oficinas 

  • Predios: La empresa funcionaba  y declaraba como domicilio legal a unas oficinas del quinto piso del edificio Infrabol, en la avenida Montenegro de la zona Sur de La Paz.
  • Traslado: Cuando dejaron de pagar los préstamos y los departamentos, de la noche a la mañana anunciaron su traslado al edificio López Azero. 
  • Atención:  Por un mes mantuvieron las oficinas a puertas cerradas y  advirtieron  que sólo atenderían a sus usuarios con cita previa.
  • Afectados:  Las víctimas  hacen un llamado a otras personas que se vieron afectadas por los contratos o préstamos.

Conocieron a sus ejecutivos en una congregación

“Casi todos los afectados nos conocemos. Somos amigos, familiares o miembros de la iglesia. Es que así nos han convencido, uno llevaba a otro. Más o menos como  las piramidales, aunque no exactamente”, dice otra víctima.

Dice que se enteró de que algunos empezaron procesos, otros conciliaron con las constructoras  o que otros acudieron al Ministerio de Justicia, pero en su caso prefiere no hacer nada. Se limitó a firmar un acuerdo privado para la devolución de su dinero.

Relata que llegó a Akros por que muchos miembros de una conocida congregación de La Paz, a la que asiste, eran prestamistas o compradores. “No creo que lo hayan hecho de mala voluntad. Algo les debió fallar  o tal vez también fueron estafados”, conjetura.

En La Paz, varios de los afectados afirman que conocieron a los ejecutivos de la empresa en la iglesia a la que asisten. Para ellos eso era una garantía de que su inversión estaba segura.

“Prácticamente ahí nos captaba”, afirma otro afectado.

Pero ser parte de la iglesia no era lo único que la hacía confiable. La empresa tenía      unas oficinas muy bien equipadas en la avenida Montenegro de la zona Sur. Allí realizaban reuniones, capacitaciones y todo lo que se puede esperar de una empresa inmobiliaria de gran talla.

Tenían una página web en la que detallaban los departamentos a la venta. Sus cuentas en las redes sociales eran muy activas.

En sus oficinas estaban a la vista su licencia de funcionamiento emitido por la Alcaldía de La Paz y el NIT otorgado por Impuestos Nacionales. Además realizaban sorteos y promociones que eran autorizadas y certificadas por la Autoridad de Juegos. Había un registro en Fundempresa que le daba legalidad.

Una revisión de estos documentos evidenció que la empresa se abrió como inmobiliaria, pero no hace referencia a su rubro financiero.  Apenas se conoce un acta de constitución en la que, además se de los tres ejecutivos, figura un accionista extranjero.

Por Leny Chuquimia / La Paz

Fuente: Página Siete

Comentarios