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Alejandro Lema y Esteban Calle en el volcán Cotopaxi, Ecuador.

Siempre soñó con vivir la misma aventura que su tío: llenar el morral con la ropa necesaria, subirse a la moto y salir a recorrer la vida que transcurre en otros parajes diferentes a las pendientes pronunciadas y abarrotadas de carros en Medellín.

Su problema era que no tenía moto, pero eso no fue impedimento para planear una escapada. Alejandro Lema sedujo a su mejor amigo del colegio, Esteban Calle, con la idea de viajar, de irse lejos, de perderse por alguna carretera y no tener internet. Le habló de la travesía de su tío Santiago Lema Londoño, durante el 2008, y de los seis meses que estuvo sobre su moto, que lo llevó hasta la Patagonia, en Argentina, una de las regiones más al sur del continente americano. Le prestó el libro La Suramérica que recorrí, que escribió su familiar, para que no le quedaran dudas de apuntarse.

Desde mediados de 2016 empezaron a planear sin saber el cuándo y el cómo. Leyeron blogs de viajeros, armaron su propio recorrido, se propusieron US$2.000 cada uno como meta de ahorro para viajar e hicieron cálculos de gasolina, hospedajes y comidas.

Su propósito eran US$30 por día. Crearon a finales de 2016 el blog La vida es un viaje para documentar su recorrido. Compraron un drone y cámara profesional, querían retratar la belleza de los paisajes que veían en las fotos de otros. Le insistieron a cada uno de sus papás para que les prestaran el carro, hasta que el de Lema cedió.

Tras esa seguridad del cómo, se pusieron la fecha de salida: el 12 de noviembre de 2017. Para ese entonces, Esteban ya habría salido de sus clases de medicina y Alejandro habría terminado su práctica como arquitecto. Ese día salieron a las 7:00 a.m., en el Hyundai Accent del papá de Lema, con las llantas y el aceite cambiados y la maleta llena con herramientas para el carro, morrales, sleepings, carpa, cámaras y comida para sobrevivir durante unos días.

El itinerario que hicieron no fue una camisa de fuerza, solo tenían la premura de estar en Machu Picchu, Perú, el 15 de diciembre de 2017, pues ya tenían las entradas al complejo arqueológico de los incas. De este modo, salieron de Medellín con la certeza de que su primer destino sería Cali. La carretera y sus deseos de explorar serían los encargados de dictar los próximos rumbos.

En Colombia su trayecto fue de solo tres días, por carreteras curvas y montañosas, por paisajes cercanos y verdes. Pasaron por Ecuador sin dificultad y llegaron a Quito, la capital, con la sensación de que todavía no se encontraban haciendo el viaje de sus vidas. Conocieron los free walking tours, unos recorridos guiados por la ciudad que piden un aporte voluntario. Con esta manera local de conocer los lugares que visitaban, se libraron de las tarifas costosas de los operadores turísticos que cobran fuera del presupuesto de los viajeros de bajo costo.

La sensación de estar fuera de casa, en medio de una aventura, los invadió cuando acamparon por primera vez a 3.800 metros sobre el nivel del mar, con la temperatura bajo cero, en el volcán de Cotopaxi, en el centro del país ecuatoriano.

“Eran las 6:00 p.m. y ya era de noche. Nos acostamos a dormir, pero estaba haciendo mucho frío. La carpa de nosotros era para clima caliente y la ensayamos por primera vez a 3.8000 metros sobre el nivel del mar, la temperatura era de menos cinco grados. Tenía todas las chaquetas que llevé puestas, dos pantalones, estaba metido en un sleeping y solo tiritaba. Nos levantamos a las 11:00 p.m. y dijimos si nos íbamos. Nos quedamos hasta las 3:00 a.m. y empezamos a organizarnos para salir. En ese momento sentimos que sí estábamos viajando en carro por Suramérica. Ese fue el día más barato de todo el viaje, nos gastamos US$5 cada uno”, cuenta Alejandro, entrando en detalle en cada episodio de esa noche que es una de las que más recuerda de su viaje.

Refugio en el volcán Chimborazo, Ecuador. 

Luego de superar esa prueba, se sentían preparados para lo que les ofreciera el camino, las personas de cada pueblo y ciudad, los platos típicos de las regiones, el frío y el calor, las largas jornadas frente a la cabrilla, las dormidas dentro del carro. Todo era una experiencia que les reforzaba la idea con que llamaron su blog, La vida es un viaje.

En cada frontera compraron la sim card con WhatsApp ilimitado. Lo más importante para ellos era no perder la comunicación con sus familias. Descargaron los mapas de cada país en Maps.Me, una aplicación que permite la navegación sin conexión, y lograron atravesar miles de kilómetros sin perder de vista sus destinos gracias a esta.

Luego de pasar por Baños, el volcán del Chimborazo, Cuenca, y sus alrededores, se despidieron de Ecuador y sus paisajes verdes y densos, para adentrarse a la zona desértica de Perú. El presupuesto diario aumentó conforme se encontraban ofertas de actividades poco usuales como surfear con lobos marinos en Huanchaco, un balneario en el Pacífico, montar en avioneta por las Líneas de Nazca, antiguos geoglifos precolombinos, escalar el glaciar Mateo, en el oeste del país, o visitar el complejo arqueológico de Machu Picchu y Huayna Picchu, en Cusco.

Los promedios están por peaje, tanqueada, noche en hotel y alimentación completa. Cabe resaltar que en Colombia se abarataron costos al acudir a amigos y familiares para hospedarse, comer y otros gastos. Sin contar al país, Bolivia presentó el mejor rendimiento de gasolina, seguido por Perú y Ecuador.

 

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