Al 21 de noviembre de 2018: Dólar Venta BCB: 6,96 Dólar Compra BCB: 6,86 €/$us: 0.87966 Bs/euro: 7.79847 UFV: 2.28735 Peso Argentino/$us: 36.18620 Yen/$us: 112.73000 Real/$us: 3.76750 Oz.Troy Oro $us: 1,221.17000 Oz.Troy Plata $us: 14.30400

 
 
Itumeleng significa alegría en setsuana, el idioma de Botsuana. También es el nombre de una muchacha de 22 años, vivaracha y servicial, empleada en uno de los hoteles más exclusivos de Kasane, localidad situada en una de las cuatro esquinas de África, donde este territorio casi se da la mano con sus vecinos Namibia, Zambia y Zimbabue.

Son apenas 10.000 habitantes los que moran aquí, pero la ciudad es muy popular porque representa una de las puertas de entrada del turismo internacional a las maravillas naturales del país.

El turismo es la nueva joya de la corona de Botsuana y tienen razones para creérselo: como el peculiar delta del Okavango, recorrido por el río del mismo nombre a lo largo y ancho 22.000 kilómetros cuadrados de superficie para nunca desembocar en el mar. Este va a morir entre la arena del inexplorado desierto del Kalahari, habitado por el bosquimanos, uno de los pueblos más antiguos del mundo. Por no hablar del Parque Nacional de Chobe, que alberga la mayor población de elefantes del continente, o de la impresionante biodiversidad que puebla todo el país y que incluye a los cinco grandes mamíferos salvajes: león, elefante, leopardo, rinoceronte y búfalo.

 

MÁS INFORMACIÓN

Este paraíso, más o menos del tamaño de Francia y con tan solo 2,2 millones de habitantes, era uno de los 13 países más pobres del mundo hace 50 años, cuando se independizó. Pero poseía algo muy valioso, además de sus ecosistemas y de una democracia que hoy es la más antigua del continente: minas de diamantes que fueron explotadas por la empresa De Beers, aunque gestionadas por el Gobierno del primer y venerado presidente Seretse Khama. Gracias a estas políticas, Botsuana creció y creció, a veces a ritmos superiores al 9% de su PIB, hasta convertirse en lo que hoy se considera una economía media. Esto permitió realizar mejoras en salud, educación (hoy el 100% de la población está escolarizada) e infraestructuras.

Pero Botsuana está viendo que su gallina de huevos de oro se agota y que hay que buscar alternativas: ya en 2016, el crecimiento había descendido al 3,4% debido a la ralentización de la minería. "Los diamantes no duran para siempre, pero el turismo y el desarrollo sostenible, sí", sostiene Tshekedi Khama, ministro de Medio Ambiente, Vida Salvaje y Turismo, en un encuentro con periodistas durante la celebración de la asamblea anual del programa marco del turismo sostenible de la ONU (10YFP en sus siglas en inglés), que tuvo lugar a principios de diciembre en Kasane.

Junto a las exportaciones de carne —es otro gran activo: en 2017 el país contaba con 2,5 millones de cabezas de ganado, es decir, hay más vacas que personas—, el turismo es la esperanza. Ya se pensó en él durante los años sesenta, con la independencia recién ganada: había que elegir entre un turismo comercial y masivo o uno de menor volumen, mayores costes, pero menos impacto. Y apostaron por el segundo. Hace tres años, cuando la Agenda 2030 fue aprobada en Nueva York, Botsuana se reafirmó en su apuesta por la sostenibilidad. "Sabemos del valor de nuestros recursos naturales, pero no sabemos cuánto durarán si no los protegemos, por eso vamos a cuidarlos", afirma Khama. "Además, no queremos ser otro destino africano de safari sin más. Debemos marcar la diferencia, y lo podemos hacer a través de nuestra manera de manejar nuestra responsabilidad sobre la madre Tierra", abunda.

En esas líneas trabaja el Gobierno y su labor ha dado frutos: en 2017, la Organización Nacional de Turismo de Botsuana (BTO, por sus siglas en inglés) recibió uno de los prestigiosos premios Tourism for Tomorrow concedidos por la asociación World Travel & Tourism Council (WTTC).  Una de las medidas es que es el Estado quien posee las tierras para asegurarse de que se explotan de manera responsable. Hoy, el 38% del territorio nacional está protegido y se alquila por periodos de 15 años (renovables por otros 15) a empresas que cumplen los criterios de gestión sostenible que marca el Gobierno y cuyas instalaciones están oficialmente reconocidas como alojamiento ecoturístico. "Cuando llegas a un hotel de lujo en el Okavango, encuentras que la tierra está protegida a nivel gubernamental y administrada por las comunidades", explica Jillian Blackbeard, directora ejecutiva de BTO.

Paneles solares, gestión de residuos, reciclaje de agua, contratación de personal local... En uno de los exclusivos hoteles ubicados en la reserva de Moremi, en pleno delta del Okavango, se hacen notar esas exigencias sobre el cuidado de la tierra, la vida salvaje y la comunidad. Por ejemplo, no se encuentran plásticos por ninguna parte, pues los recipientes y bolsas son téxtiles. Además, toda la estructura del alojamiento es de madera y tela, y no hay construcciones permanentes. "Esta pasarela se puede desmontar porque a veces los elefantes quieren cruzar por aquí", ejemplifica Tshapo, una de las camareras, con un dedo apuntando hacia un muelle de madera que acaba en un embarcadero. Ella, las cocineras, limpiadoras, guardias de seguridad y demás empleados pertenecen a esa región.

La vida salvaje, el gran activo

Botsuana también prohibió cazar especies salvajes en 2012 y hoy puede presumir de albergar la mayor población de elefantes africanos del mundo (130.000, un 37% del total) en un momento en que la caza furtiva y el cambio climático están esquilmando la especie en otros lugares del continente: en los últimos siete años, la humanidad ha matado a 144.000 ejemplares, el 30% de los que quedaban.

Kelly Landen es directora de Elephants Without Borders, una organización cuya labor cuenta para contribuir a la buena fama del país y por tanto, atraer viajeros: la conservación del elefante africano. Trabajan con el departamento de vida salvaje aportando recursos y conocimiento a la hora de rescatar ejemplares o reintroducirlos en su hábitat.  También con las comunidades. "Ofrecemos educación, mejoramos sus conocimientos... Son de gran importancia en el sector porque en Chobe todo se trata de turismo", cuenta Landen.

En Elephants Without Borders acogen a cuatro crías huérfanas y se ocupan de su desarrollo, pues no pueden permitirse perder ni un solo ejemplar. "La estación seca, entre octubre y noviembre, es la más difícil porque hay menos comida, competencia por el agua...", describe la conservacionista mientras acaricia a una de las crías. Pide silencio a los periodistas. Los paquidermos jóvenes son muy susceptibles al estrés y por eso tratan de mantenerlos alejados de las personas, en un ambiente silencioso.

"Botsuana tiene muchos años de experiencia en la protección, cuidado y convivencia con elefantes y otras formas de vida salvaje, es un punto importante y debe mostrar cómo lo están haciendo. Educan a los ciudadanos, que pueden ver los beneficios y cómo pueden participar", opina Ellison Wright, coordinador sénior del Programa Global de Vida Salvaje del Banco Mundial. Otro de los objetivos del Gobierno es introducir materias escolares obligatorias a partir del cuarto curso de Primaria sobre protección. "Hemos llevado a cabo con varios colegios ha sido la plantación de un millón de árboles en el área del Okavango", recuerda el ministro Khama. "Y no hay que olvidar la responsabilidad y la transparencia, que aquí en Botsuana se toman muy en serio", completa Wright.

Un turismo que beneficie a todos

Los datos demuestran que el turismo aumenta en Botsuana: en 2016 superó los dos millones de visitantes, la contribución directa al PIB fue del 3,9% (10% la total) y las inversiones en esta industria supusieron el 8,5% del total, según el informe de impacto económico de Botsuana de 2017. “La tasa de empleo en el sector está probablemente entre las más altas del país, con 35.000 puestos directos y alrededor de 125.000 indirectos", informa el ministro Khama.

Turismo