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Valdivia tiene una población de 160.000 personas y el 20 por ciento ya son adultos
 
Reinaldo Oyarzo tiene 71 años y cada día recorre 18 kilómetros limpiando las calles de la ciudad de Valdivia, a la altura de San Martín de los Andes por el lado argentino. Es recolector de basura, y si ha tenido que pasar el inicio de la vejez trabajando es porque lo necesita.
 
Oyarzo se jubiló a los 65, pero lleva 40 años en esto. Le pagan 290.000 pesos chilenos más un bono de 60.000. Son poco más de 210 dólares que aporta al hogar, compuesto por su mujer y una hija de 48 años. "Mi orgullo es trabajar, con esta pega ["laburo"] saqué a mis hijos adelante. Ahora mis hijas me dicen que trabaje hasta mayo, que ya cumplí con mi tarea. Quieren que descanse, pero usted sabe que uno se echa en la casa y se amurra. Y ni Dios lo quiera me manden a un hogar. Eso lo mata a uno", dice el barrendero.

A mediados de año comenzarán los cambios más visibles. Por ejemplo, buscarán reducir la velocidad máxima en el centro a 30 kilómetros por hora. Se ensancharán las veredas, habrá más zonas peatonales y los semáforos darán más tiempo para cruzar la calle sin apuros.

Valdivia age friendly no nació porque sí. La ciudad reúne las condiciones ideales para pasar una vejez sin apremios. Hace una semana falleció en esta zona, a los 121 años, Celino Villanueva, el hombre más longevo del país, y pocos días antes la primera dama, Cecilia Morel, visitó la región y reconoció que es hora de que el Estado salde la deuda de abandono que mantiene con sus ancianos.

Chile es uno de los países que más rápido envejecen en el mundo, el segundo entre los más envejecidos de América. El 17% de la población (tres millones de personas) tiene más de 60 años y se espera que en 2050 sea el 30%. Esa tasa es un dilema social que empujará cambios en lo laboral, lo arquitectónico, los servicios básicos, las pensiones y la cultura. Por eso, detrás del polo gerontológico están el Estado y sus servicios, al menos una universidad, el municipio local y la Fundación Oportunidad Mayor.

 

 
Reinaldo Oyarzo, a los 71 años, sigue trabajando de barrendero
Reinaldo Oyarzo, a los 71 años, sigue trabajando de barrendero.

En Valdivia, donde el año pasado llovió durante 182 de los 365 días, viven cerca de 160.000 personas y el 20% son adultos mayores. El alcalde Omar Sabat afirma que ya cuentan con estacionamientos gratuitos para la tercera edad en el centro y que las aceras y veredas ya se están remodelando. "En cada esquina se trabaja para bajar el nivel de acera, generando un correcto uso, de acceso universal", dice.

Después de eso, de los semáforos y de los baños vendrán otros planes: mejorar el acceso al transporte público, la apertura de parques y otros espacios de recreación para ancianos, la mejora de las luminarias en las calles, la instalación de la primera unidad de geriatría aguda en un hospital fuera de Santiago, la creación de instancias de participación social, uno o dos spas para adultos mayores, una red de cuidadores a domicilio, muchos más hogares pagados y gratuitos, un centro de rehabilitación para 80 personas y una unidad de investigación de enfermedades como demencias, diabetes y Alzheimer.

Geriatrizar ciudades es algo que ya ocurre en países como Francia y Suiza. Valdivia también tiene lugares especiales para sus abuelos, que no son precisamente hogares de ancianos. Existe un condominio de viviendas tuteladas (CVT, hay casi 50 en Chile) donde viven 20 adultos mayores, cada uno en su cabaña de 22 metros cuadrados, con cocina y baño propios, acceso a comedor, lavandería, sala multiuso para actividades grupales, enfermería y un jardín. Lo dirige Gabriela Castro y una monitora vincula el centro con todas las redes locales.

El condominio está rodeado por un muro para dar seguridad, porque la población de San Pedro no es de los mejores barrios y el supermercado queda a dos cuadras. "Lloré de emoción cuando me fueron a buscar y me dijeron que me darían una cabañita de por vida", recuerda Víctor Gómez, que antes de llegar aquí pasó siete años en un hospedaje y ahora se gana la vida y paga las cuentas de su cabaña con lo que le deja un carrito de anticuchos, un tipo de brochette.

 
Fuente: LA NACION

 

Como él, la mayoría de las personas mayores autovalentes buscan tranquilidad, salud y cariño, además de acceso a una buena atención cuando lo requieran. Ese es uno de los puntos débiles de la ciudad y de Chile. Según Homero Gac, en el país deberían trabajar al menos 350 geriatras y solamente tienen 60. En Valdivia no hay ninguno, pero el proyecto del polo gerontológico incluye una beca para que el primero se especialice en Santiago: se llama Paul Klee y al regresar al sur no estará solo, porque hay dos universidades interesadas en abrir esa carrera en la ciudad.

"No queremos que se convierta en un lugar donde vayamos a depositar a los adultos mayores; queremos que los jóvenes también quieran ir a vivir allá, generar casas de reposo por montones", explica Gac. Él se imagina a universitarios que en lugar de pagar un alquiler puedan vivir con ancianos y ser sus cuidadores.

Algo parecido tiene el Hogar Padre Pío, administrado por la Fundación Las Rosas en Valdivia, donde reciben las visitas de muchos niños de prejardín. "Se da una relación maravillosa", dice Angélica Hildebrandt, directora del centro, donde viven 102 personas y que está acondicionado para sillas de ruedas. Además, tienen actividades como salir a pasear en auto o recibir a cantantes de otras épocas en pequeños conciertos. Se preocupan de todo, desde la nutrición hasta del bienestar mental y afectivo.

Un punto central del proyecto es cómo mejorar la calidad de vida a partir de los mismos adultos mayores. Por eso se trabajará con focus group s para que compartan sus necesidades. Cuando Valdivia se transforme, Natalia Fuentes, que vive con una nieta y un bisnieto, ya no debería sufrir lo que le ocurrió cuando fue a un trámite al centro: tuvo que esperar en la fila una eternidad, se mareó y no pudo seguir adentro. Nadie la ayudó. Bajo la lluvia también eterna de la ciudad, buscó un asiento público para retomar el aire y no encontró ninguno. Para protegerse de la lluvia, decidió finalmente sentarse a descansar en el borde de una vitrina, donde se congeló hasta los huesos.

 

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