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8 años es el tiempo aproximado que va desde la mediocridad del Huawei Selina a la brillantez del Huawei P20 Pro. Entre ellos, la historia de la marca que por momentos pareció que nunca alcanzaría su objetivo, el podio de la telefonía móvil.

Pocas compañías pueden presumir de haber vivido tanto y tan distinto como lo ha hecho Huawei en 8 años. Muchos usuarios recordarán los Huawei Selina, Vodafone 845, Movistar IVY, los terminales genéricos de operadora que marcaron la entrada el mundo Android en España, junto a Yoigo y Movistar. Por aquella época, la calidad dejaba mucho que desear, y sólo el hecho de contar con el todavía verde sistema operativo de Google le daba cierto atractivo frente a unos dumbphones que comenzaban a renquear.

A partir de ahí, todo comenzó a cambiar poco a poco para Huawei. Dada la pobre oferta en gama media y baja de la época, el Huawei U8650 se hizo un hueco entre las recomendaciones de los medios al público, algo que también ocurrió más tarde con el Huawei G300. Era la época en la que, bajo el denominador común de la procedencia china y llegar del mercado del equipamiento de redes, a Huawei y a ZTE se les consideraba lo mismo: compañías de bajo coste que sólo podrían acercarse a los grandes actores copiando.
 
El duro camino del éxito

El MWC 2012 presentó por primera vez a una Huawei que, estando aún muy lejos de los competidores, demostró algo de fuerza con el Ascend D Quad. Sí, el mismo año que los cuatro núcleos llegaban a Samsung con el Galaxy S3 o a HTC con el One X, la firma china presumía de un chip propio que no quedaba demasiado alejado en los benchmarks y que con una versión "pura" de Android se desenvolvía bien. En todo lo demás, la propuesta de Huawei quedaba lejos de sus competidores. Aunque que con un precio menor, el diseño se sentía muy genérico, la pantalla y los materiales de baja calidad y la autonomía no satisfacía. A Huawei le quedaba mucho para competir, pero "saliendo de la nada", ya comenzaba a decir más que algunos players "de toda la vida". Otros terminales como el Huawei Ascend P1 apuntaban en esa misma dirección, con añadidos muy exclusivos como pantalla SuperAMOLED.

 
 
 

Sin embargo, el buen hacer de 2012 no se tradujo en un 2013 de progreso en producto. Huawei no gustaba cuando quería mostrar su personalidad, apreciable en la nueva capa Emotion UI, sustituta de "Android puro", o cuando decidió fabricar un Huawei Ascend P6 con tan sólo 6.1 milímetros y una autonomía pobre. Tampoco agradaba que la salida de la indiferencia en diseño se produjera imitando las propuestas de Apple, algo que el siguiente año con el Ascend P7 volvió a quedar patente. Con ese nuevo terminal, el progreso (y la imitación del iPhone) continuaba, aunque con prioridades y resultados muy alejados del resto de compañías grandes del sector, lo que relegaba a los productos casi únicamente al mercado de bajo coste. El rendimiento se quedó más de un año por detrás en CPU y dos años por detrás en gráficos, estancado en 2013. Huawei, simplemente no podía competir. En el análisis del Ascend P7 definí así el estado de la compañía y lo que cabía esperar:

 
 

El Huawei Ascend P7 representa los grandes esfuerzos que Huawei está llevando a cabo para ponerse a la altura de la gama alta de Android porque, tras usarlo a fondo, aún no puedo considerarlo en ese distinguido grupo. Modelos como el Ascend P6 o el Ascend Mate no alcanzaban el nivel de este Ascend P7, lo que es buena noticia para Huawei, pero poco reseñable en el mercado, frente a modelos como el LG G2, que supusieron un cambio enorme no sólo en LG sino a nivel de plataforma.

Para mí, el Huawei Ascend P7 es un buen gama media-alta, y si lo afirmo es porque no considero que sobresalga en ningún aspecto. La extrema delgadez que presenta, podríamos pensar. Pero, ¿sirve del algo si sacrificamos autonomía? Su atrevida apuesta por el cristal sería otro elemento a considerar, si no fuera por su nula resistencia. Si a ello le añadimos las carencias de optimización y valor añadido real de su capa, tenemos el pack completo.

 

Huawei es otro tiburón en cuota de mercado, pero en cuanto a productos como el P7 aún debe hacerse muchas preguntas. ¿Qué quieres ser de mayor, Huawei?

Como concluía, en China tenían que preguntarse muchas cosas, y sobre todo, cómo alcanzar la mayoría de edad. Y los hechos demostraron que alguna idea comenzaron a tener, pues a partir de finales de 2014 la compañía nunca más volvió a estancarse. Cosa distinta es que salvo el precio, el liderazgo biométrico en Android o la autonomía de los Mate, poco había que rascar en el mercado de lo mejor.

 
 
 

Samsung había dicho adiós a viejos fantasmas en cuanto a materiales y estaba comenzando a ser la barra sobre la que medir la fotografía móvil, LG también estaba a buen nivel en varios aspectos, HTC, pese a sus bajas ventas y al fatídico One M9 también contaba con una capa muy mejorada, y Motorola vivía un buen momento con sus nuevas gamas tras democratizar el smartphone. No había hueco donde demostrar valía y una diferenciación que de algún modo se fraguaba en Shenzhen. Tuvo que ser la alianza con Google en el Nexus 6P la que nos mostrase a una Huawei que, liberada de EMUI, otro de sus grandes enemigos en casa en la época, pudiera decir a todos "preparaos, que no queda tanto".

 

2015 fue el año en que por primera vez se entonó aquello de "Huawei en 2 años estará a la altura de los grandes". Aunque la predicción se adelantase un año, había motivos de sobra para creer en el brillante futuro de la compañía de cara a 2020. Según las cifras oficiales de la compañía, en 2017 ha invertido 13.800 millones de dólares en I+D (un 17% más que el año anterior), y en la última década, más de 60.000 millones. Pocos competidores clásicos, salvo Apple, Samsung y Alphabet, están en cifras similares. Si alguien piensa que la evolución puede parar, está equivocado, pues desde la compañía afirman que van a continuar con un ritmo similar en los próximos años, algo que favorece mucho su estrategia de integración digital.

 

Las cifras que explican el paso de lo genérico a lo excelente.

 

Con el Huawei P9 llegó la alianza con Leica, con la que se convirtieron en abanderados de la todavía "irrelevante" doble cámara y la fotografía monocromo y, por fin, con el Kirin 950 heredado del Huawei Mate 8, la constatación de que los chips propios podían estar a la altura en CPU, aunque en GPU siguieran varias generaciones por detrás. En su contexto, sin embargo, seguían sin ser terminales que considerar, pues las subidas de precio desde 2013 eran constantes, sin que realmente sus argumentos hubieran cambiado mucho. Incluso en fotografía, pese al hardware y al marketing, tenían aún poco que ofrecer frente a los colosos. EMUI seguía frenando y Apple demostró que su planteamiento con la doble cámara estaba muy por delante del de los chinos, al menos en adecuación a lo que el mercado podía demandar y que Huawei ha visto ahora: zoom y retrato bien hecho.

 

Tras las mejoras del Mate 9, muchos pensamos que se acercaba el momento definitivo, que el Huawei P10 finalmente sería ese terminal que reinase en su año. Sin embargo, de nuevo la cosa no pudo ser. El precio volvió a subir, y Huawei, que siempre había defendido que el lugar idóneo del lector de huellas era la parte trasera, lo llevó a la delantera en el peor momento posible, justo el año en el que la "pantalla infinita" sería la tendencia. El P10 se veía anticuado al lado del LG G6 o del Samsung Galaxy S8, como un iPhone 8. Huawei había perdido su oportunidad, sin que ni siquiera hubiera sido porque la apuesta saliera mal, como le pasó a LG con el G5.

Y llegó el Huawei Mate 10, y con él comenzamos a vislumbrar que, sin llegar al nivel del Pixel 2 XL, del Samsung Galaxy Note 8 o del iPhone X, por fin había elementos que demostraban que el podio no estaba tan lejos. El hermano con apellido Pro estrenaba la resistencia al agua, y el Kirin 970, sin adelantarse finalmente al Apple con el A11 Bionic en traer al mercado una NPU (Unidad Neural de Procesamiento), fue la prueba de que del interior de HiSilicon también podía llegar innovación con algún claroscuro, como luego veremos.

Huawei P20 Pro: la llegada de la brillantez

Fotografía: Nicolás Rivera (Hipertextual).

Existen muchos paralelismos entre la Huawei de 2017 y comienzos de 2018 con la Samsung de 2014 y principios de 2015. Quedándonos con los bueno, podemos decir que tras dos modelos buenos pero sin trascendencia como el Huawei P10 y el Samsung Galaxy S5, la transición que ambas compañías necesitaban hacia la brillantez se produjo con el Samsung Galaxy Note 4, que abrazaba cambios que se culminarían en el Samsung Galaxy S6, y con el Mate 10 Pro, que se sentía de su año respecto al P10 y que allanaba el camino a un terminal que de verdad alcanzara el nivel de Apple, Samsung y Google.

Ambas compañías venían de capas de personalización muy criticadas y ambas las fueron puliendo, hasta hacerlas desaparecer como problema serio en los modelos del punto de inflexión. Ambas compañías habían pasado por diseños aburridos, hasta dar con algo más novedoso. Y ambas compañías habían encontrado una senda que seguir con la cámara, pero hasta el Galaxy S6 y hasta el Huawei P20 Pro no pudieron decir que estaban al nivel o por encima de sus rivales en su respectiva época, y eso, cuando se quiere ser líder en el mercado móvil a día de hoy, es uno de los aspectos más importantes

 

Tras tanta decepción, precio que quisieron imitar a los de la competencia sin argumentos, y en definitiva, muchos quiero y no puedo, el Huawei P20 Pro culmina el camino comenzado en 2012 por el Ascend D Quad para, por fin, poder decir "soy uno más de vuestro selecto grupo, porque por fin soy ese smartphone maduro que me pedían que fuese en 2013, 2014 ó 2015".

El primer aspecto destacado del Huawei P20 Pro, como lo fue también de los Mate 10, es la NPU del Kirin 970. Aunque a día de hoy la potencia que ofrece con aprendizaje automático está muy desaprovechada, las APIs incluidas en Android 8.1, que llega con EMUI 8.1, pueden hacer que los desarrolladores se animen. Sería otro logro de Huawei, que según tests de rendimiento mostrados por la compañía en sus presentaciones, supera al Neural Engine del Apple A11 Bionic y a los DSP de los Snapdragon 845 y 835, que también están preparados para trabajar con redes neuronales.

En el mercado de los smartphones, no se trata sólo de ser mejor o peor, sino de hacerte un nombre y demostrar que, más allá de obtener récords inútiles sobre delgadez, puedes traer un producto que mejora el día a día de los usuarios. Y eso es justo lo que Huawei ha hecho con la cámara del P20 Pro. Tras la era del amplio crecimiento de sensores de cámaras que impulsó Nokia con el N8, el 808 Pureview y el Lumia 1020, los fabricantes se habían olvidado de que, más allá de la fotografía computacional, la física importa, y un mayor sensor aporta ventajas enormes, como un ruido menor o un rango dinámico muy superior. Huawei se convierte, tras Sony en 2013 con el 1/2,3" del Xperia Z1 y posteriores, en la primera compañía en muchos años en reabrir la importante guerra del tamaño de sensor.

El sensor del Huawei P20 Pro tiene un tamaño de 1/1,7", que como mi compañero Nicolás Rivera ha repasado, tiene una superficie un 70% más grande que la del de uno líderes de la categoría, el iPhone X. No es algo que no esté en manos del resto, pero Huawei se ha adelantado y ha integrado un sensor un 12% más pequeño que el del Lumia 1020 sin necesidad de requerir una joroba pronunciada en la parte trasera ni ensanchar mucho el grosor total del terminal, que con 7,8 milímetros prácticamente iguala o supera a todos sus competidores. Tiene incluso más mérito que sin anunciarlo, es la única compañía que puede presumir de tener tres estabilizadores ópticos en el cuerpo.

Pero eso no es todo. Más allá de los números técnicos, la novedad de este Huawei P20 Pro está en cómo implementa su triple cámara. La unión de la nueva lente de 80 milímetros equivalentes, junto a las dos de 27 milímetros del sensor principal de 40 megapíxeles y del sensor monocromo de 20, produce no sólo la foto "nativa" con más distancia focal (3X), sino también un zoom híbrido 5X que no tiene rival. Apple comenzó la era moderna del "zoom óptico", pero ahora Huawei la lidera con mucho margen. Parte de la responsabilidad la tiene Eero Salmelin, uno de los líderes del equipo Pureview de Lumia y coautor del paper "Nokia PureView oversampling technology", donde se detallaba la magia del zoom sin pérdida del 808 y el 1020. Tras salir de Nokia en 2012, se unió a Huawei desde Finlandia, desde donde es Director de Tecnología de Imagen y Vídeo. Parece que los 70 millones de euros de inversión que hizo Huawei allí dieron sus frutos.

Para lograr todo ello, no hay ningún gran sacrificio. El delgado cuerpo del P20 Pro llega con una batería de 4000 mAh que le dan la mejor autonomía de la gama alta, a cierta distancia de lo que el Galaxy S9+, el Pixel 2 XL o el iPhone 8 Plus son capaces de lograr. Los modelos de Google sacrifican algo de espacio para ganar una respuesta háptica mucho mejor. Cuestión de prioridades.

Otro punto que hay que señalar del Huawei P20 Pro es que, tras tantos años adoptando colores que otros ponían de moda, la compañía se ha atrevido con una apuesta arriesgada como es el color twilight o crepúsculo. Está marcando tendencia y logrando una imagen diferenciada, algo que necesitan.

¿Qué queda por mejorar para ser líderes?

Tal y como hemos repasado, la evolución de Huawei ha sido enorme, y todos los campos en los que aporta hacen que por primera vez podamos considerarlo un flagship de primera categoría. Por varios motivos, sin embargo, aún está por debajo del triunvirato indiscutible del mercado móvil: Apple, Samsung y Google. Esto es lo que debe mejorar en los hipóteticos Mate 20 y P30 para darles caza.

  • Procesado de imagen: Huawei tiene el mejor hardware fotográfico del momento, es indiscutible. Ello le ayuda a tener niveles de ruido muy bajos y un gran rango dinámico en fotos nocturnas, pero el procesado que realiza el P20 Pro en ese contexto es muy agresivo. Cualquier foto ampliada al 100% de su resolución deja mucho que desear, mostrando un aspecto acuareloso y lavado y a la vez más artificialmente nítido de lo que resulta atractivo para los ojos de un fotógrafo. Huawei lleva presumiendo de que tiene un procesador de imagen (ISP) del nivel de una cámara réflex desde el Ascend P7. Es hora de demostrarlo, porque si las otras tres copian el tamaño del sensor, le sobrepasarán sin ninguna duda.
  • Aplicación de cámara: La interfaz de la aplicación esconde demasiado. En 2018, HDR no puede ser un modo que el usuario tenga que escoger, sino una opción básica que dejar activada siempre o que salte de manera automática. En general, hay que dejar que las opciones importantes tengan su espacio y estén al alcance, de manera que no haya que pensar mucho para sacar la mejor fotografía.
  • Carga inalámbrica: Que la carga rápida de Huawei sea una maravilla no quiere decir que se obvie lo que su competencia está haciendo, y es soportar el estándar Qi. Quizá reste algo de espacio a la batería o al sensor, pero este apartado se mirará con lupa en los próximos terminales, tras hacer el check de la resistencia al agua.
  • Pantalla: El panel OLED escogido para el Huawei P20 Pro no presenta los problemas del Pixel 2 XL y está a buen nivel en líneas generales, pero no haber apostado por un panel QHD hace que en nitidez percibida quede lejos de pantallas como la del iPhone X y, sobre todo, de las de Samsung desde el Note 4. El "2K" es opcional en LCD, pero obligatorio en AMOLED. El problema es, por supuesto, el problema de suministro que hay en la industria y el precio de los paneles.
  • Personalidad: Como también ha repasado Nicolás Rivera, Huawei debe demostrar de una vez por todas que el síndrome Ascend P6 (ese por el cual el iPhone era su referencia) ha pasado y que sus diseños son reconocibles y únicos. A Samsung le costó varias generaciones, pero lo consiguió.
  • EMUI: Que la capa ha mejorado una barbaridad desde 2013 es una evidencia indiscutible, pero otra del mismo calibre es que aún hay mucho que hacer en el aspecto visual, en la homogeneidad con el lenguaje Materal Design y en el orden (que repasé en el análisis del P20 Lite). Como ya demostró el Nexus 6P, el mejor Huawei es ese que no tiene EMUI, al igual que el mejor Xiaomi es ese que no tiene MIUI (Mi A1). También habría que pedir mayor aprovechamiento de la inteligencia artificial brindada por la NPU, que por ahora sigue pareciendo más un reclamo comercial que otra cosa, tanto en en funcionamiento como en la cámara, cuyos efectos no nos gustan demasiado por artificiales. Como ha ocurrido en cámaras, y aunque ya no está en Huawei, fichajes como el de Abigail Brody, diseñadora de la interfaz original del iPhone, deberían ayudar a hacer EMUI algo apetecible dentro y fuera de China.
  • Potencia: Lejos quedó la época de los Kirin 910, 920 ó 930, pero la realidad es que el Kirin 970 no estuvo a la altura ni de sus competidores de 2017 ni lo está a la de los de 2018. En CPU mantiene algo el tipo, pero en GPU, como muestran análisis técnicos, tiene que emplear casi el doble de energía (7,93 W vs 4,42 W) que el Snapdragon 845 del Samsung Galaxy S9 mientras ejecuta el test GFXBench T-Rex, para conseguir un resultado de cuadros por segundo un 20% inferior. No es algo que tenga que ver con Mali o ARM, sino con la implementación de Huawei, pues la misma generación de GPU (Mali-G72) en el Exynos 9810 obtiene casi la misma eficiencia que Qualcomm. Por otra parte, una degradación grande en el rendimiento sostenido hace que tras mucho rato, el Kirin 970 en el Mate 10 Pro ofrezca un rendimiento peor que terminales de 2015 como el iPhone 6s Plus o de 2016 como el Google Pixel XL o el iPhone 7. Definitivamente, un aspecto a mejorar.

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