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Cada 3 de octubre, Bolivia festeja el Día del Odontólogo, fecha que se celebra en toda Latinoamérica desde 1917, cuando fue creada la Federación Odontológica Latinoamericana (FOLA).

Tres bolivianos, especialistas en esta área, comparten sus experiencias y destacan que las más importantes alegrías que les ha otorgado su profesión, son las sonrisas que han sembrado en todo el país.

La Dra. Soledad Veizaga, presidente de la Sociedad de Endodoncia de Cochabamba, recuerda que, durante mucho tiempo trabajó con los internos de una cárcel en Cochabamba. En este centro de rehabilitación, no solo les brindaba atención odontológica, sino en algunos casos les obsequiaba placas dentales para mejorar la autoestima de sus pacientes.

“Este pequeño, pero significativo proyecto de odontología solidaria, fue reconocido con un gesto de empatía aún mayor. Los internos se enteraron que sufrí preclamsia durante mi embarazo y de manera voluntaria se organizaron, recolectaron dinero y me hicieron llegar ropa para mi bebé. Ese gesto es algo que nunca voy a olvidar”, destacó Veizaga.

Sandra Makowsky tiene su consultorio particular en Santa Cruz. Recuerda que en una oportunidad una niña de tres años acudió a su consultorio, pero salió corriendo y gritando porque tenía temor al dentista. Hoy, con 11 años, se ha convertido en una de las pacientes más divertidas, además acude de manera infaltable a los controles que se realizan dos veces al año.

“Ser odontóloga te permite crecer como profesional y como ser humano. Lo que más alegría me ha dado es que los pacientes se muestran muy satisfechos con las consultas y tratamientos que se realizan”, expresó Makowsky.

El presidente del Colegio de Odontólogos en Cochabamba, Roberto Bueno Ramírez, explica que su profesión está estrechamente relacionada con la psicología, en especial cuando se trata de tranquilizar a los pacientes. El especialista relata que en una oportunidad recibió a un niño que se estaba persignando antes de entrar a consulta.

“Al preguntarle por qué lo hizo el niño respondió que, como era muy creyente en Dios, y le daba miedo la consulta, se encomendó a Dios para que lo ayude a salir bien de ella. Cada persona reacciona de manera diferente”, explicó Bueno.

Precisamente, para tranquilizar a sus pacientes más pequeños, muchos odontólogos han optado por ambientar sus consultorios con juegos, dibujos o algún estampado que sea de gran ayuda para que la visita al dentista no sea traumática, sino más bien agradable.

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