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La ejecutiva de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía (CBHE), Claudia Cronenbold admite que urge aumentar el ritmo de las inversiones en el país y que se debe dar prioridad a la exploración. Prefiere no especular sobre las reservas de gas. Es optimista de que en cinco años se puede suplir la declinación de los campos.

 El Gobierno y el sector petrolero privado están realizando conjuntamente un Congreso sectorial 'histórico'. ¿A qué obedece esta alianza público-privado?

 Tanto YPFB como la CBHE, con su experiencia de varios años en la realización de sus Congresos, así como el exitoso Foro de Países Exportadores de Gas organizado por el Ministerio de Hidrocarburos el año pasado, fueron las mejores credenciales para motivar la realización de este evento de manera conjunta.

El país y el sector hidrocarburos necesitaban un gran evento donde se congreguen todos los actores de la industria, esa ha sido la principal motivación para esta alianza que será de mucho beneficio para Bolivia y la industria de hidrocarburos, logrando un evento de único de talla mundial.

¿Cuáles son los temas medulares que abordarán en esta cita internacional y qué expositores destacan?

En estos cuatro días se abordarán, entre otras, las siguientes temáticas centrales: Contexto Internacional del Gas Natural y el Petróleo; Perspectiva de la industria petroquímica; Desarrollo de nuevas fronteras geológicas y oportunidades de mercados para el gas; Gestión ambiental en las actividades hidrocarburíferas y la consulta previa; Panorama global de los combustibles verdes; Combustibles verdes y su impacto en el cambio climático y mercado energético global y sus desafíos.

¿Qué evaluación le merece el comportamiento de las inversiones en 2017 y 2018 por parte de las compañías petroleras privadas en Bolivia?

La industria no ha dejado de invertir, sin embargo, se necesita aumentar el ritmo de estas inversiones, las cuales dependen del ciclo del negocio. En su momento fue aumentar la capacidad de producción y facilidades, en este momento se debe priorizar la exploración y trabajar la declinación de los campos, que son las inversiones más complejas por los factores de riesgo, rentabilidad y competitividad asociados.

Hay mucho potencial de recursos en el país y grandes oportunidades en el mercado interno, así como en la región, que se pueden concretar invirtiendo.

Para esta gestión, las inversiones se vienen desarrollando en base a lo planificado. Entre los proyectos priorizados se encuentran Caranda Profundo, Jaguar, Boyuy, Sipotindi, Ñancahuasu, Sararenda, Itacaray, Iñiguazu, Iñau, Los Monos- Aguaragüe Centro, Villa Montes y Yarará, entre otros. Si se tienen resultados positivos, esa producción ingresará al mercado de acá a unos cinco años aproximadamente, misma que vendrá a suplir la declinación natural que están teniendo los campos en actual producción.   

¿Cuál es su análisis sobre las reservas de gas?

El tema de las reservas es bastante técnico y complejo como para especular. Esperamos que el informe de certificación sea publicado lo más pronto posible para tener elementos de análisis al respecto.

Desde hace tres gestiones se ofrecieron incentivos para que las petroleras inviertan más en exploración, pero nada de ello ocurrió. ¿A qué atribuye usted este aspecto?

Los incentivos y condiciones de competitividad se establecen de acuerdo a la coyuntura de cada país. En el caso de Bolivia se dio un primer paso que ha posibilitado viabilizar algunos proyectos de campos petroleros maduros y de gas seco. Sin embargo, hay muchos otros proyectos que requieren mecanismos económicos que ayuden a viabilizarlos económicamente.

En los últimos años, las petroleras están diversificando sus inversiones en el mundo. Repsol ya no es solo una empresa petrolera. Y Cepsa, tampoco. Ni tampoco BP, Shell o Total… Los tiempos cambian y el negocio del crudo empieza a emitir señales urgentes de revisión. Ahora toca convertir las firmas petroleras en energéticas, es decir, además de petroleras, eléctricas y gasistas. ¿Cuál es su análisis como presidenta de la CBHE y cómo observa el desarrollo de las compañías en Bolivia?

En el sector energético el debate ha dejado de ser el peak oil, es decir, el momento en el que el crudo se agotará y el mundo se verá obligado a mirar hacia otras fuentes de energía. El descubrimiento de nuevas reservas offshore e hidrocarburos de esquisto (Shales) ha provocado momentos incluso de sobreabundancia en los últimos años, por ello el precio del petróleo también ha tenido un declive considerable, pese al leve incremento de los meses recientes.

Considero que la incursión de nuevas fuentes de energía para apuntalar la oferta energética global es una realidad que ya toca nuestras puertas y en los próximos 30 a 50 años con seguridad veremos una realidad distinta en relación a la matriz energética global y nacional. Ello dependerá que como cada país enfrente este proceso de transición.

Las energías solar, eólica, hídrica, mareomotriz, entre otras, tendrán una participación cada vez más importante en la generación de energía global y esa es una tendencia irreversible, aun cuando las fuentes fósiles, especialmente el gas natural, seguirán siendo muy importantes durante este siglo.

En ese marco, aun con la abundancia que pudiera haber de petróleo convencional o no convencional, existe un consenso global de que está ocurriendo una Gran Transición Energética que llegará de todas formas, de manera lenta pero ineludible. En ese sentido, pareciera que la discusión es en qué medida y a qué ritmo ocurrirá ese proceso. El Consejo Mundial de Energía argumenta que está ocurriendo una Triple Transición, es decir, la Descarbonización de la economía con las energías verdes y la electrificación del transporte, un Nuevo diseño de mercado con la generación distribuida y, un escenario de Resiliencia ante el riesgo de climas cada vez más extremos o, ataques cibernéticos que afecten la continuidad de la generación energética.

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