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Largas colas en las estaciones de servicio de Rió de Janeiro. La mayoría ya no tiene combustibles. AFP

Pese a las concesiones que hizo el gobierno de Temer, los bloqueos y las movilizaciones siguen con la misma vitalidad y extensión de la semana pasada. Nada ha cambiado en la azarosa vida de los brasileños.

El gobierno de Michel Temer afirma que cumplirá con todos los pedidos de los transportistas con tal de que pongan fin a la huelga. Y el presidente quiso demostrar confianza al afirmar que a más tardar este martes el conflicto estaría resuelto. Los informes, sin embargo, revelaron que el paro, los bloqueos y las movilizaciones de los camioneros siguen con la misma vitalidad y extensión de la semana pasada. Es más, pasadas las 18 el Palacio del Planalto cambió la fecha: afirmó que el fin de la paralización será el jueves a la 0 hora. Entre tanto, se habrá iniciado una nueva hostilidad sindical: los trabajadores de la Federación Única de Petroleros ya declararon que cesarán sus actividades este miércoles.

Lo real es que los esfuerzos por normalizar el desabastecimiento de combustible, supermercados, alimentos y hasta medicinas, por no hablar de los correos y de los aeropuertos, hasta ahora no dio resultado. En el octavo día de la medida de fuerza, hay 594 “focos” de protesta en las rutas federales, tantos como los que hubo el viernes último.

La policía custodia una estación de servicio en Río de Janeiro. Reuters
La policía custodia una estación de servicio en Río de Janeiro. Reuters

En Brasilia acaban de informar que pondrán en práctica una nueva estrategia: a partir de ahora, la policía federal procederá a detener a los líderes del movimiento. En el gobierno creen que con la televisación de las prisiones minarán la resistencia de los huelguistas. Esa fue la conclusión de la reunión de la tarde de este lunes en el Palacio del Planalto. Para el gabinete de crisis montado por Temer ya no sirven los llamados a las negociaciones. Esta convencido que llegó la hora de reprimir y publicitar los actos represivos.

¿Por qué la persistencia de la huelga? La respuesta que dan los diferentes sindicatos es categórica: “La oferta de reducir el precio del diesel en 46 centavos de real (12 centavos de dólar) es ofensivo para nosotros. No resuelve en absoluto los problemas de nuestro trabajo”.

Entre quienes se niegan a firmar el consenso que quiere imponer el gobierno están los dos gremios principales: la Confederación Nacional de Transportadores Autónomos y el Sindicato Interestatal de Camioneros Autónomos.

El proyecto de acuerdo presentado por los ministros que encaran las negociaciones prevén que el precio reducido del combustible dure 60 días. “¿Y después qué? ¿Vendrá otro aumento desproporcionado?”, comentó a esta corresponsal un taxista que ya se retiraba para su casa, por falta de etanol en su tanque. En Brasil, este es el combustible más común en los taxis; apenas algunos hicieron la reconversión para el gas comprimido. La estatal Petrobras, que está en el vértice del huracán desde que ajusta los precios diariamente, emitió por la tarde un comunicado. Le pidió reflexión a sus trabajadores que ya anunciaron la huelga a partir del miércoles: “¿Cómo Petrobras y su fuerza de trabajo puede ayudar mejor al país en este momento? No creemos que será con paralizaciones ni con presiones para reducir nuestros precios”.

Largas filas de camiones en las autopistas de Río. Reuters

Largas filas de camiones en las autopistas de Río. Reuters

El sindicato de Petroleros (FUP) conminó a la estatal para que efectivice el cambio de política sobre las cotizaciones del crudo y sus derivados. Como resultado de la impericia oficial, y de la propia compañía petrolera en las negociaciones con los huelguistas, la bolsa de San Pablo experimentó una caída inédita en varios meses. Fue de 4,49%. El descenso tuvo que ver con el derrumbe de las acciones de Petrobras de casi 14,6%.

Un grupo de camioneros bloquean una calle de acceso a la central de abastos de San Pablo. EFE

Un grupo de camioneros bloquean una calle de acceso a la central de abastos de San Pablo. EFE

Este lunes sobraron las escenas de desesperación de los particulares en busca de naftas y etanol. En San Pablo, se registraban filas de 10 cuadras para ingresar en una de las pocas estaciones de servicio que aún tienen naftas. Con cinco horas promedio de espera, los automovilistas tuvieron que enfrentar la chance de llegar al surtidor en el momento en que se acaban las existencias. Para aumentar el malestar, la Unión de la Industria de la Caña de Azucar (UNICA) informó, oficialmente, que este martes las usinas productoras de etanol “estarán con sus operaciones completamente paralizadas, por cuenta de la huelga de camioneros que estalló el 21 de mayo. Falta diesel para poner en funcionamiento las máquinas”.

Y sin embargo, el paro de transportistas continúa con el apoyo intacto de la población. Según explicaba el portero de un edificio contiguo a un punto de venta de naftas, “los precios afectan no solo a los transportistas sino a todos por igual. Está tocando el bolsillo de todo el mundo”. Los especialistas sugieren que el gran error del gobierno de Temer es haber tomado medidas “en medio de una grave crisis económica”, que sujetó los precios internos a los internacionales y, también, a las variaciones del tipo de cambio.

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