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Petróleo

La industria petrolera venezolana atraviesa su peor momento en más de medio siglo y la producción seguirá en caída libre en los próximos meses, lo que deja en harapos a un país en ruinas que no tiene otras fuentes de divisas, coinciden varios análisis sobre las últimas cifras oficiales.

“La producción de petróleo de Venezuela ha venido en una senda de declive durante dos décadas, pero ha experimentado un significativo descenso en los últimos dos años”, señaló un reciente informe de la Agencia de Información de Energía (EIA, por sus siglas en inglés) del Departamento (ministerio) de Energía de Estados Unidos.

“En las proyecciones de corto plazo de la EIA la producción de petróleo de Venezuela continuará su caída hasta al menos finales de 2019”, advierte.

El bombeo desde Venezuela descendió desde 2,3 millones de barriles por día (bpd) en enero de 2016 a 1,6 millones de bpd en enero de 2018, señala la agencia oficial del país que ha sido durante décadas el principal comprador de los hidrocarburos venezolanos, indica el portal El/Interés.

El chavismo se ha ufanado durante años de que Venezuela posee las mayores reservas de hidrocarburos del mundo, con 300.000 millones de barriles in situ. A esta nueva tasa de explotación mínima histórica, ese es tanto petróleo como para 513 años.

Lo único que ha crecido es la cantidad de gas natural que se quema en las torres de las refinerías y estaciones de bombeo de Pdvsa, en los mechurrios. Ese gas es convertido en basura porque la industria no puede procesarlo ni muchas veces reinyectarlo a los pozos. Mientras tanto, millones de venezolanos padecen cada día la escasez de gas natural para cocinar y los apagones (cortes de electricidad) son frecuentes en todo el país.

Pero mientras más se cuantificaron reservas de crudos más ha crecido la pobreza en Venezuela, más rápido se aceleró el colapso de Pdvsa, la gallina de los huevos de oro. Y, probado una vez más, que recurso no es sinónimo de riqueza.

“A largo plazo todos estaremos muertos”, decía el economista John Maynar Keynes.

“Una combinación de relativamente bajos precios globales del crudo y la mala gerencia de la industria petrolera venezolana ha llevado a este acelerado declive en la producción”, señala el informe de esta semana de la EIA.

“Algunos factores indican que la producción petrolera de Venezuela probablemente continuará en declive. El número de taladros activos ha caído desde cerca de 70 en el primer trimestre de 2016 a un promedio de 43 en el último trimestre de 2017”, reporta.

La quiebra del Estado, la escasez de divisas, la poca credibilidad crediticia de la endeudada Pdvsa, su falta de personal calificado y las sanciones de Estados Unidos contra el gobierno de Maduro conforman un cóctel que explica este cuadro, según otras fuentes.

“Recientes reportes indican que la falta de pagos a las compañías de servicios petroleros, la pérdida de trabajadores calificados, de gerentes y trabajadores cualificados, así como el declive en las inversiones de capital en la industria también han contribuido a la reducción de la producción”, agrega el informe estadounidense.

Venezuela produce petróleo extra pesado de la Faja Petrolífera del Orinoco y depende fuertemente de la importación de líquidos más livianos, como diluyentes para mezclarlos con su petróleo y hacerlo mercadeable.

Las dificultades financieras recientemente han impedido a Petróleos de Venezuela importar los volúmenes necesarios de diluyentes para sostener su producción y exportaciones, explica.

Justamente Estados Unidos es también el principal proveedor de estos crudos livianos y diluyentes, que son utilizados en las refinerías de Pdvsa en Venezuela y en la de isla de Curazao.

Adicionalmente a la caída de la producción, refinerías en Estados Unidos y Asia han reportado problemas con la calidad del crudo venezolano, lo que ha resultado en requerimientos de descuentos o suspensión de compras.

Esta pérdida de volúmenes de producción se está explayando y afectando las empresas mixtas.

“Con la reducción de los gastos de capital, los socios extranjeros están reduciendo sus actividades en el sector petrolero de Venezuela”, concluye el estudio al coincidir con reportes de agentes financieros.

La economía venezolana es fuertemente dependiente de la industria petrolera y el declive de la producción redunda en una reducción de los ingresos por exportaciones y en la falta de recursos para pagar importaciones vitales para las personas y la industria.

En síntesis, el principal motor de la economía venezolana, su hígado y su corazón, se ha deteriorado en los últimos años junto con toda la estructura productiva y comercial del país.

- El colapso que se veía venir -

En 1950 Venezuela produjo 1,498 millones de barriles por día. Era un país de 5,5 millones de habitantes, lo que arrojaba 99,7 barriles por persona al año. Hoy en día produce 1,548 millones con 32 millones de habitantes, 17,7 barriles por persona, 83% menos. “La potencia petrolera se acabó” señala el economista Miguel Angel Santos, al comentar las cifras de producción aportadas por su colega venezolano Francisco Monaldi.

El gobierno de Venezuela reportó a sus socios de la OPEP que en febrero pasado la producción total del país fue de 1,586 millones barriles por día, con 183.000 bpd menos que en enero, lo que ilustra el acelerado derrumbe.

Respecto a las cifras del segundo trimestre de 2017, febrero de 2018 supone un desplome de 541.000 bpd.

Mientras tanto, las exportaciones hacia Estados Unidos, el principal mercado histórico de Venezuela y el único que hoy por hoy paga en efectivo, han caído a su nivel más bajo en 15 años, según un reporte de Thompson Reuters, que lo atribuye al impacto de las sanciones impuestas en agosto por la administración de Donald Trump al gobierno de Nicolás Maduro y a la estatal Pdvsa.

Esta situación ha creado obstáculos para la venta de embarques de crudo a las refinerías de Estados Unidos, reduciendo el número de clientes que Pdvsa tiene en Estados Unidos, según el reporte.

En febrero fueron enviados 21 cargamentos a Estados Unidos, la mitad de lo reportado en años recientes, con un total de 378.643 bpd, según la información.

Pero este debilitamiento del acceso a su principal mercado difícilmente podrá ser compensado por Pdvsa con nuevos clientes, pues enfrenta este brusco desplome de la producción con consecuencias impredecibles para los venezolanos, según analistas.

Para ser un país por cuyas venas corre el petróleo desde hace al menos 100 años la noticia ha pasado desapercibida, tal vez porque no ha venido de un solo golpe, sino a cuenta gotas: Venezuela ha dejado de ser una potencia petrolera de talla mundial y los petrodólares ya no alcanzan ni para compra el pan de cada día.

“El pronóstico para la producción petrolera de Venezuela en 2018 es sombrío”, señala Monaldi.

El académico y consultor presentó esta semana en el Centro de Energía Adrienne Arsht del “The Council Atlantic” – un centro de discusión de Washington- su trabajo “El colapso de la industria petrolera venezolana y sus consecuencias globales”.

Pdvsa continuará enfrentando severos problemas de flujo de caja incluso en el mejor de los escenarios, advierte.

La producción probablemente declinará entre 250.000 y 300.000 bpd adicionales para diciembre próximo y mucho más en caso de un completo default en los pagos de deuda o de sanciones adicionales de Estados Unidos, advierte Monaldi, quien también es profesor del IESA, en Caracas.

Para reconstruir el sector petrolero de Venezuela y para sumar un millón de bpd en menos de una década, las inversiones necesitarían triplicarse hasta alrededor de $15.000 millones por año, el número de taladros en operación necesitarían más que duplicarse y mejorar su eficiencia.

“Por cada 100.000 bpd de incremento de la producción, serán requeridos cerca de $4.000 millones en inversiones adicionales”, advierte.

“El escenario más realista es uno en el cual la producción continua en caída, el país se queda más aislado, las compañías occidentales no logran incrementar inversiones y algunas dejan el país. Lo más probable es que las inversiones permanezcan en los niveles actuales o se reduzcan, la producción continuará cayendo en los campos operados por Pdvsa y la producción en las compañías mixtas se estanca o se reduce lentamente”.

“En este caso, mientras la producción podría continuar cayendo en los próximos pocos años, probablemente podría no colapsar. Más bien podría alcanzar un nivel en el cual podría estancarse”, entre 1,0 y 1,2 millones de bpd, pronostica Monaldi.

- Razones de fondo -

Se necesitaría que ocurrieran al menos tres grandes cambios para que se pueda recobrar la industria petrolera venezolana y ninguno de ellos es previsible en las condiciones actuales:

En el nivel más básico necesitaría ordenarse la macroeconomía del país, con un programa de ajustes que debería incluir la reestructuración de la deuda pública externa nacional y el establecimiento de una tasa de cambio competitiva.

Para atraer un volumen significativo de inversiones extranjeras el marco institucional debería ser más flexible y creíble.
Finalmente, en el país debería haber una transición hacia la democracia y a un gobierno políticamente estable, lo cual reduciría los riesgos políticos y permitiría que fueran levantadas las sanciones internacionales.

Como Venezuela no está en capacidad de incrementar las inversiones, más del 75% de las inversiones futuras tendrían que provenir de compañías extranjeras.

“Desafortunadamente, no es probable que ninguno de estos cambios ocurran en 2018 o en el futuro cercano. De hecho, mientras el actual gobierno permanezca en su lugar, no es probable que ocurran mejoras políticas”, concluye Monaldi.

El estancamiento no comenzó ahora, tiene largos años, comenzó cuando el militar Hugo Chávez llegó al poder y convirtió a Pdvsa en una empresa social.

“No hay un solo proyecto petrolero ahora que haya sido comenzado en los últimos 20 años”, señaló Monaldi en el foro donde se discutió su documento.

“Expropiaciones y negociaciones forzosas cobraron un alto precio. Eventualmente nadie logró cobrar, excepto Wall Street y eso también terminó. En el medio del mayor boom petrolero de la historia, la producción de Pdvsa colapsó”, señala el experto.

Pero, ¿cuál será el impacto económico de mediano plazo en un país que sufre la peor catástrofe económica de su historia?

Venezuela sufre dos grandes crisis gemelas: una de su cuantiosa deuda externa que supera los $160.000 millones y que ya no puede pagar ni refinanciar; y la otra es este colapso de la industria petrolera.

“La eficiencia de nuestros pozos petroleros y de nuestra industria sigue en caída constante, no será tan dramática como algunos piensan, creen o desearían, aun así es constante y lenta pero se mantiene”, observa el experto petrolero Rafael Quiroz, consultor y profesor universitario.

“Ciertamente, esta semana pasada rompimos el piso histórico de menos de 1,6 millones de barriles diarios. Desde 1955 no producíamos como ahora”, observa en entrevista con El Estímulo.

Pero eso no significa que la era petrolera haya llegado a su fin.

“Nosotros no dejaremos de ser un país petrolero ni pasará nuestra era petrolera por el hecho de que caiga nuestra producción, porque no es menos cierto que no tenemos otro factor ni otro sector económico al cual recurrir”, dice al observar que no hay nada parecido a una diversificación económica por estos lados.

La era petrolera tal como era conocida en las últimas décadas ha llegado a su fin con la quiebra de Pdvsa, el desplome vertical de la producción de crudos y productos, el colapso general de la economía, la crisis de la deuda pública, la falta de divisas y la pobreza generalizada de un país sin otras alternativas de supervivencia.

La economía de Venezuela se contrajo cerca de 9% en 2017, según estimaciones de Oxford Economics.

“El descenso de la producción de Pdvsa ha sido ampliamente anticipado y podría ser de larga duración”, agrega en otro análisis.

Pero este panorama negro como el propio petróleo, encierra otra paradoja que varios economistas han destacado: Venezuela es un país petrolero, con vocación petrolera, y justamente de las cenizas de su principal industria es que podrá sacar recursos para la reconstrucción.

“Somos un país de más de 30 millones, así que ya el petróleo nos quedó chico para hacer lo que hacía antes. Pero aún nos queda una última oportunidad de aprovechar al petróleo y al gas como un importante motor de crecimiento e ingreso fiscal. También creo que en el camino nos vendrá otro ciclo de precios altos en la próxima década y la oportunidad de aprovecharlo o que nos vuelva a descarrilar”, coincide Monaldi al respecto.

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