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En un nuevo informe y en una encuesta de inversionistas que publicó hoy el Grupo Banco Mundial se llega a la conclusión de que, en conjunto, la inversión extranjera directa (IED) beneficia a los países en desarrollo, pues aporta conocimientos técnicos, mejora las capacidades de la fuerza de trabajo, incrementa la productividad, genera negocios para las empresas locales y crea empleos mejor remunerados.

La cuestión que se examina en el documento es cuándo y en qué circunstancias es más probable que la IED genere estos beneficios.

El informe titulado Global Investment Competitiveness Report 2017/2018 (Informe mundial sobre competitividad para atraer inversiones 2017-2018), que se dio a conocer hoy en un foro internacional sobre inversiones, combina una encuesta en la que participaron 750 inversionistas multinacionales y ejecutivos de empresas con un análisis detallado y diversas recomendaciones referidas a la IED en los países en desarrollo.

En este documento, elaborado en conjunto por la Corporación Financiera Internacional (IFC), entidad que integra el Grupo Banco Mundial, y el Departamento de Prácticas Mundiales de Comercio y Competitividad, se analizan los países en desarrollo tanto en su papel de originadores de IED como en su calidad de receptores. Se examina asimismo la capacidad de los países en desarrollo no solo para atraer inversiones privadas, sino también para retenerlas y sacarles provecho a fin de generar un crecimiento inclusivo y sostenible.

La encuesta a los inversionistas muestra que la estabilidad política y la seguridad, junto con la presencia de un entorno legal y normativo estable en el país, son las principales características que los ejecutivos de las empresas multinacionales tienen en cuenta antes de comprometer capitales en una nueva operación. Estas consideraciones tienen mucho más peso que cuestiones tales como las tasas impositivas o los costos laborales bajos.

Los incentivos a la inversión pueden ayudar a atraer IED, pero en general solo dan resultado cuando los inversionistas vacilan al elegir entre sitios similares que pueden utilizar como nueva base para sus exportaciones. Cuando las inversiones están motivadas por el deseo de acceder a un mercado interno o de extraer recursos naturales, los incentivos suelen ser ineficaces.

Según el informe, es mucho más importante el nivel de protección legal contra los riesgos políticos y normativos, como la expropiación de bienes, las restricciones a la transferencia de monedas y la convertibilidad, y la falta de transparencia en las operaciones con los organismos públicos. Si no se atenúan estas amenazas en el nivel de los países, la reducción de los riesgos en el nivel de los proyectos por sí sola no conducirá a un aumento de las inversiones ni a un mayor crecimiento en los países en desarrollo.

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Al examinar la contribución de las inversiones extranjeras en las economías locales, en el informe se señala que la mayor parte de las investigaciones y de las evidencias empíricas prueban que la IED ayuda a promover el desarrollo en los países receptores. Por ejemplo, se observa que, en los países en desarrollo, las compañías locales de alto crecimiento son las que más se benefician con el aumento de la IED en sus mercados, gracias a los nexos que se establecen entre las empresas y a la introducción de nuevas tecnologías y conocimientos técnicos.

La IED proveniente de países en desarrollo es uno de los nuevos ejes temáticos incluidos en el informe. El volumen de este tipo de inversiones se ha multiplicado por 20 en las últimas dos décadas, y para 2015 ya constituía un quinto del total de los flujos mundiales de IED. La gran parte de estas inversiones proviene del denominado grupo BRICS (Brasil, Federación de Rusia, India, China y Sudáfrica); sin embargo, en la actualidad cerca del 90 % de los países en desarrollo registran flujos de IED salientes.

Tanto el informe como la encuesta muestran que, si bien a la hora de tomar decisiones los inversionistas tienen en cuenta factores similares, los que provienen de países en desarrollo están más dispuestos a dirigirse a economías regionales más pequeñas y a menudo de mayor riesgo como parte de una estrategia de inicio. Esta es una observación clave, en particular para los países que sufren conflictos y situaciones de fragilidad y que desean atraer un volumen mayor de inversiones más diversificadas. En el informe se señala que los Gobiernos deben comprender en profundidad las motivaciones de los inversionistas a fin de propiciar de la mejor manera posible los beneficios que la IED puede generar en las economías locales. Se indica asimismo que cada tipo de IED lleva aparejado su propio conjunto de posibles desafíos y recompensas.

 

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