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Hilton Heredia García/ Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.>

La resiliencia del sistema bancario le ha permitido continuar contribuyendo al desarrollo económico del país, a través de la intermediación financiera y su aporte al empleo. La salud del sistema bancario es destacable, gracias a los colchones con los que cuenta, a pesar de las tendencias que denotan algunas variables. No obstante, desde la Banca se considera relevante realizar una revisión al marco normativo, de manera que se preserve su sostenibilidad y se continúe impulsando el crecimiento económico.

Un reporte especial de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), refiere que durante el último bimestre, después del análisis presentado a agosto de este año, no se han observado cambios considerables en las tendencias. En ese sentido, el crédito continuó expandiéndose, principalmente en los sectores regulados, en línea con el establecimiento de metas de cartera que deben cumplir los bancos hasta diciembre de este año.

A su vez, los depósitos mantuvieron el acotado crecimiento que registraron este año; consecuentemente, la liquidez continuó reduciéndose. La evolución de las captaciones y su crecimiento en los siguientes meses será importante para determinar la potencial expansión crediticia futura. 

Entre otros indicadores, producto principalmente de la mayor presión al margen financiero, la rentabilidad se ha visto afectada, denotando la necesidad de flexibilizar el actual marco normativo.

Si bien los indicadores de inclusión financiera muestran importantes avances, dan cuenta de que aún existen retos.

Menor ritmo de crecimiento

Durante 2018 el sistema bancario continuó expandiendo el crédito, principalmente en los sectores regulados, aunque el ritmo de crecimiento registrado en los primeros 10 meses del año ha sido levemente menor al de gestiones pasadas. A octubre la cartera alcanzó a $us 22.184 millones, equivalentes a un crecimiento interanual de 12% ($us 2.352 millones).

En los primeros diez meses se colocaron $us 1.988 millones, habiéndose registrado un aumento de $us 2.126 millones en los sectores regulados, y un retroceso de $us 138 millones en la cartera de sectores no regulados. En ese sentido, se aprecia que los bancos han concentrado sus esfuerzos de colocación en los sectores computables para las metas de cartera. De este modo, a octubre de 2018 el 60,2% de los créditos habría sido otorgado a los sectores productivos y de vivienda de interés social.  

El importante impulso a los créditos de vivienda de interés social ha sido determinante para los resultados observados. El crecimiento interanual es el mayor al interior de la cartera (28,4%), habiendo alcanzado un saldo de $us 3.099 millones.

A su vez, su participación al interior de la cartera productiva ha tendido a incrementarse 5 puntos porcentuales (pp) en los últimos tres años, pasando de 18% a 23%. La cartera de vivienda de interés social otorgada por los bancos, conlleva importantes beneficios en términos de impacto social, pues ha contribuido a reducir el déficit habitacional de un estrato importante de la población. 

Respecto a la calidad de la cartera, a octubre de 2018 el índice de morosidad se situó en 1,94%, manteniéndose reducido. En tanto, el volumen de cartera en mora alcanzó $us 431 millones, y la cartera vigente reprogramada $us 497 millones, manteniendo la tendencia ascendente.

El índice de cartera en mora desagregado por tipo de crédito da cuenta de incrementos generalizados, siendo el crédito pyme el que mantiene el mayor índice (3,2%), seguido del microcrédito y el crédito de consumo.

En cuanto a los indicadores de cobertura, la relación previsiones / mora supera las 2 veces, nivel que denota, por un lado, la continua constitución de previsiones, y por otro, el mayor crecimiento de la cartera en mora.   

Los depósitos

El informe de Asoban señala que las captaciones a octubre de 2018 alcanzaron $us 24.929 millones, denotando un crecimiento de 6,3% en los últimos 12 meses ($us 1.486 millones), dando cuenta de menor dinamismo con relación a las colocaciones. La diferencia de crecimiento entre cartera y depósitos derivó en una brecha de $us 1.159 millones.

El dinamismo de los depósitos en 2018 responde en mayor medida al aumento de los depósitos a plazo fijo que se incrementaron $us 665 millones, los que provienen principalmente de fuente institucional; en tanto, los depósitos a la vista aumentaron $us 167 millones y las cajas de ahorro decrecieron $us 9 millones.

En ese sentido, la incidencia de los depósitos a plazo fijo ha sido la más relevante en el crecimiento acumulado de las captaciones.

Patrimonio, solvencia y rentabilidad

La expansión crediticia ha sido posible gracias al continuo fortalecimiento patrimonial que proviene principalmente de la reinversión de utilidades de los bancos. A octubre, el patrimonio del sistema se situó en $us 2.201 millones, anotando un crecimiento interanual de 3,5%, equivalente a $us 74 millones. 

La solvencia del sistema bancario, medida a través del Coeficiente de Adecuación Patrimonial (CAP) se mantiene por encima del nivel establecido por la normativa (10%), constituyéndose en uno de los indicadores de la salud del sistema. A septiembre de 2018, el CAP de los bancos múltiples se situó en 12% y en al caso de los bancos pyme en 11%.

Respecto a la rentabilidad del sistema, medida a través del ROE (Rentabilidad respecto al Patrimonio), mantiene la tendencia decreciente señalada en el análisis con corte a agosto. A octubre, el ROE para el sistema bancario se situó en 10,8%, habiendo caído en más de 3pp con relación al cierre de 2017.

La caída en la rentabilidad responde en gran medida a la mayor presión sobre el margen financiero (diferencia entre ingresos financieros y gastos financieros), cuyo crecimiento ha sido menor en los últimos años por efecto de la fijación de las tasas de interés activas máximas en los sectores regulados, así como el establecimiento de pasivas mínimas para los depósitos, con tendencia a la elevación de los costos financieros. En efecto, el margen financiero creció 3% en los últimos doce meses. Lo anterior es relevante en un contexto en el que el reducido crecimiento de los depósitos podría conllevar aumento en las tasas de interés y consecuentemente, de los gastos financieros; a su vez, dado el marco normativo a fines de este año, el 60% de la cartera será alcanzado por tasas de interés fijas, impactando en los ingresos financieros.

Profundización financiera y bancarización

A octubre de 2018 el número de cuentas superó 9,7 millones; es decir, un aumento promedio de 60.000 cuentas mensuales. A su vez, la cobertura, medida a partir de los Puntos de Atención Financiera (PAF) alcanzó a 5.655; es decir, 369 PAF más que al cierre de 2017. 

A diferencia de los avances en profundización medida por el número de cuentas; el acceso al crédito, entendido como el número de prestatarios del sistema bancario muestra cierto estancamiento. A octubre sólo aumentaron 23.053; es decir 1,9%, manteniendo la tendencia observada desde 2014.

Consecuentemente, el crédito promedio continuó aumentando, superando $us 17.500, situación que podría implicar desatención a créditos de menor volumen, resultado que se vincularía con el esfuerzo de las entidades bancarias por cumplir las metas de cartera con concentración en determinados estratos.

En criterio del analista, abogado del Mercosur y Máster en Derecho Civil, Juan Pablo Peña, si bien los resultados de profundización financiera y cobertura son alentadores, el uso activo de las cuentas, así como de las plataformas digitales son retos que el sistema bancario debe encarar por los beneficios que su mejoría significaría para la población; como la reducción del uso de efectivo y el aprovechamiento de las bondades de las plataformas digitales, así como de otros productos financieros.

“Para nadie es un misterio que Bolivia, al igual que los demás países que fundan su economía en los hidrocarburos, vivió su época dorada, pero como dice la física, todo lo que sube tiende a bajar y es la expectativa de nuestro país, desde que las reservas hidrocarburiferas disminuyeron”, señaló.

 

ASÍ OPINAN ALGUNOS BANQUEROS 

“El 2019 será un año de crecimiento pero no como 2018”

Miguel Navarro/ gerente regional del Banco Bisa

El crecimiento de cartera durante la gestión 2018 ha sido importante, ha existido una demanda importante de créditos. Empresas han buscado beneficiarse de las condiciones para el sector productivo y han demandado préstamos. Adicionalmente, los bancos han realizado mucha gestión para alcanzar las metas establecidas por ASFI. En cuanto a  los depósitos, éstos no han crecido a la par de las colocaciones como en años anteriores. Este es un tema que preocupa a futuro si se pretende crecer en colocaciones como se lo viene haciendo durante los últimos años.

Sobre la rentabilidad, este es un tema que se venía venir. Con un techo en tasas para el sector productivo y vivienda social y debiendo generar liquidez a través de captaciones del público, los márgenes de los bancos se han reducido de manera sostenida, a pesar de todas las gestiones realizadas para lograr mayores eficiencias, buscando reducir gastos operativos.

Creemos que el 2019 será una año de crecimiento pero posiblemente no en las dimensiones del 2018.

 

“Habrá menor ritmo de la actividad económica”

Adolfo Guzmán/ Gerente de Finanzas Banco Ganadero

El sistema financiero sigue creciendo en cartera a tasas por encima del 10% anual, sin embargo, los depósitos crecen a un ritmo menor llevando a los bancos a buscar otras fuentes de fondeo o utilizar su liquidez.

El acotamiento del margen financiero producto de los techos en las tasas activas y el aumento de las tasas pasivas ha llevado a la banca a reducir sus índices de rentabilidad. El principal impacto se verá en las menores posibilidades de capitalización y en consecuencia menores posibilidades de crecimiento de cartera para los próximos años.

En 2019, la actividad económica debería seguir en ascenso, pero a tasas de crecimiento menores. El crecimiento de cartera será posiblemente menor al del 2018, debido al menor ritmo de la actividad económica, los menores niveles de inversión pública presentados y las menores posibilidades de capitalización de los bancos. Los índices de morosidad no deberían elevarse. A lo anterior se añade el encarecimiento de las tasas de los depósitos, producto de un menor crecimiento en los depósitos.

 

 “Hay señales de agotamiento”

Wálter Morales / Presidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz

Estamos recién empezando a ver los efectos negativos de una serie de medidas, aparentemente beneficiosas para la gente, pero que han generado desequilibrios al Sistema Bancario.

Su dinámica ha estado sustentada fundamentalmente en alcanzar las metas del 60% de la cartera en crédito productivo y de vivienda social, con tasas techo, en un mercado que tiende a contraerse y que debe fondearse con costos al alza.

Eso dicen los datos. Un crecimiento más que proporcional de créditos versus el de los depósitos. Una liquidez en caída libre y menor encaje. Entonces, una tasa de referencia en subida, pese a la modificación en la fórmula de cálculo, que lo único que ha conseguido es suavizar la tendencia, que igual trepa 17 puntos básicos, pasando de 2,32% a 2,49%.

Lo anterior, ha sido concordante con la política expansiva desplegada, que en su momento pudo ser sustentada por un influjo de recursos no visto en la historia reciente de este país y que ha generado espejismos, pero en desaceleración puede provocar un aterrizaje dramático. La mora sería baja, sin considerar cartera reprogramada, pero está subiendo y variando con el ciclo económico.

Por otro lado, la carga impositiva y operativa adicional, reduce aún más las utilidades, restringiendo las posibilidades de capitalización para apalancar nuevos créditos o permitir mayores previsiones y pérdidas que sostengan la estabilidad del sistema, cuando sea necesario.

En ese contexto, las Entidades también han tenido que buscar otros segmentos y servicios para compensar la pérdida de márgenes, pero presentan una elevada concentración de sus activos en cartera como banca tradicional, porque para banca de inversión son más las trabas que los incentivos.

Entonces, si bien el sistema puede ser sólido actualmente, presenta grandes desafíos con riesgos de calce en plazos, tasa y moneda, a los que la regulación los ha llevado. Por eso una devaluación que cambie de manera negativa las expectativas de bolivianización de los depósitos sería demasiado delicada de gestionar.  

 

EcoFinanzas