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El Foro Económico Mundial (FEM) acaba de publicar su edición anual del Reporte de Competitividad Global 2018. Bolivia aparece en el puesto 105 de 140 países evaluados. Lo que es aún más preocupante y que va de la mano de la metodología nueva, es que la nota que alcanzó el país es 51,4 sobre 100, una nota que va en el límite de la aprobación, junto con el grupo de las 34 economías menos competitivas en el mundo.

En función a cómo han variado algunas variables que conforman dicho índice, el país ha tenido un promedio de calificación de 52 sobre 100 en las 12 mediciones efectuadas desde 2006. La nota más alta que obtuvo fue 55 en dos ocasiones (2011 y 2013), mientras que las más bajas fueron 49 en los años 2008 y 2009. En términos de ranking, Bolivia ha estado entre los puestos 98 y 120 de esta clasificación.

Según la Cainco, nos encontramos ante una situación en la cual podemos afirmar que los problemas de competitividad que confronta el país van más allá de la coyuntura. Existen claras debilidades estructurales que deben analizarse, tomarse en cuenta y proponer las medidas del caso para mejorar esos ámbitos, no para mejorar en el índice como fin, sino para mejorar la productividad y, por ende, la calidad de vida de la población.

La metodología fue cambiada para incorporar el hecho de que atravesamos por la Cuarta Revolución Industrial y los factores incluidos son ahora más relacionados con la creación de conocimiento y la adopción digital.

El conjunto más básico del índice, “Ambiente apto”, incluye cuatro dimensiones: Instituciones, Infraestructura, Adopción de Tecnología, Ciencia e Innovación (TCI), y Estabilidad macroeconómica.

Al respecto la debilidad más importante se ve en el ámbito institucional, donde el país alcanza la nota 41,2 y se sitúa en el puesto 129. La apreciación del FEM es que existe una falta importante de independencia judicial, bajo respeto a los derechos de propiedad, exceso de regulaciones, mala calidad de los servicios públicos. Esto implica que una reforma hacia la productividad debe apuntar también a cambios efectivos y necesarios en las instituciones del Estado.

En cuanto a infraestructura, la nota es 56,2 y el ranking es 102. El déficit de conectividad se evidencia en los diversos ámbitos como ser vial, ferroviario y aeroportuario. En este caso, la mediterraneidad también se manifiesta como una traba para la productividad, mientras que la disponibilidad de electricidad y de agua potable mitigan la baja nota de este subíndice.

Respecto a adopción digital, el país aparece mal calificado con 45,7 de nota, aunque en el lugar 87. La principal fortaleza se ve en la suscripción a banda ancha móvil, aunque en el resto de los componentes de conectividad digital se muestra rezagada.

La parte de estabilidad macroeconómica contempla sólo dos indicadores: inflación y dinámica de la deuda. En la primera la baja tasa de inflación la sitúa en el primer lugar junto con otras 74 economías, mientras que la creciente deuda implica una nota de 46,1. Promediando ambos, este pilar tiene una nota de 73,1 y un puesto 84. Debe recordarse que en algún momento Bolivia se situó entre los países con mejor manejo macroeconómico (entre los primeros 30 países), un aspecto que se ha deteriorado gradualmente.

El segundo conjunto del Índice es el de “Capital Humano”, que tiene dos dimensiones: salud y habilidades. Es interesante notar que ya no se utiliza la educación como categoría sino sus resultados, cuales son las habilidades y competencias.

Paradójicamente, en el ámbito de salud Bolivia tiene una puntuación de 75 y un puesto 87. La explicación fundamental radique que la única variable que se considera es la esperanza de vida saludable al nacer, que es calculada por el Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud. Esta área, aunque provee una métrica de comparación internacional, no comprende las particularidades del sistema de salud boliviano y sus evidentes deficiencias, especialmente en el campo de seguridad social y la atención de cantidad y calidad.

En cuanto a habilidades se refiere, la nota es 56,6 y el puesto alcanzado 93. Las dos principales fortalezas son el alto grado de escolaridad y la disponibilidad de maestros por estudiantes, mientras que las dos principales debilidades se concentran en las bajas habilidades digitales y la destreza de pensamiento crítico. Cabe notar que el país no mide sus habilidades y calidad de educación en pruebas internacionales estandarizadas.

El tercer conjunto es el de “Mercados”, donde se sitúan los de productos, trabajo, capitales y el tamaño del mercado.

En el de productos, el país está en el puesto 119 con una nota de 48,5. Las principales barreras son el efecto distorsionador de la intervención estatal con impuestos y subsidios y la existencia de barreras no arancelarias; mientras que su puntuación es mejor en la simplicidad arancelaria y el razonable grado de competencia.

En el mercado laboral, la nota alcanzada es 47,5 y el puesto es 126. Excepto en lo que se refiere a derechos de trabajadores y la facilidad de moverse laboralmente al interior del país, en casi todas las demás dimensiones Bolivia está mal calificada, lo cual es consistente con la inadecuada y obsoleta legislación laboral que tiene nuestro país.

En la parte financiera, Bolivia está en el puesto 85 con una nota de 54,8. Los principales obstáculos son la baja disponibilidad de capital de riesgo y la brecha entre la relación crédito a PIB respecto con su tendencia de largo plazo, que es parcialmente contrapesada con la baja tasa de mora y la estabilidad percibida del sistema financiero. Los desafíos principales son cómo promover un mercado financiero más profundo y, a la vez, con menos represión financiera.

El tamaño de mercado es evaluado con una nota de 46,2 (puesto 87), en la cual destaca en contra la baja relación importaciones a PIB, comparada con otros países.

Finalmente, el conjunto de “Ecosistema de Innovación” comprende la Dinámica de negocios y la Capacidad de innovación.

En la primera, la nota es 45, con una posición relativa mala de 130. Las principales debilidades son la falta de ideas disruptivas y el bajo crecimiento de compañías creativas, además de la dificultad de abrir nuevos negocios, tal como es avalada por el ranking “Haciendo Negocios”.

En la segunda, la nota es claramente insatisfactoria (26,9), ocupando el puesto 122. El déficit en esta dimensión es evidente en todos sus componentes como cooperación al interior de las compañías, sofisticación de los compradores, la falta de cadenas productivas desarrolladas, entre otros.

En síntesis, la situación competitiva boliviana es delicada y no está acorde con el grado que se requiere para no quedar rezagados no sólo en el ámbito productivo, sino también en la posibilidad de mejorar la calidad de vida de la población.

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