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Hans Montaño Núñez / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.>

Un estudio a partir de una muestra de la Red de Líderes por la Democracia y Desarrollo (Relidd) aplicada a 320 jóvenes de ambos sexos, entre 16 a 28 años, que trabajan o buscan trabajo en seis ciudades, indagó sobre la desocupación o el desempleo juvenil. Se preguntó cuánto tiempo están buscando trabajo y en las respuestas el tiempo fluctuó entre menos de un mes hasta más de un año.

En La Paz, el 47% lleva de dos a seis meses, un 28%  más de un año y un 25% un mes o menos. En Santa Cruz el 45% lleva de dos a seis meses, 22% de siete a 11 meses, 22% más de un año y el 11% un mes o menos, en Sucre el 41% busca de dos a seis meses, 26% más de un año, 18% un mes o menos y 15% de siete a once meses; en Tarija  un 50% de dos a seis meses y 50% un mes o menos. En Cochabamba el 50% buscó trabajo entre dos a seis meses y el  restante 50% un mes o menos; finalmente en Beni sucede el mismo fenómeno: 50% de dos a seis meses y 50% un mes o menos.

Fabiola Zambrana Pardo, Coordinadora Nacional de Red de Líderes para la Democracia y el Desarrollo

La investigación ‘Jóvenes y Empleo’, con la colaboración de la Fundación Jubileo y Hanns Seidel Stiftung Bolivia, evidencia que en casi todas las ciudades los jóvenes señalaron buscar trabajo ya entre dos a seis meses.

Seguidamente, es preocupante el resultado de La Paz, donde gran parte de los jóvenes encuestados indicaron estar buscando trabajo desde hace más de un año; aunque quizá este resultado se deba a que la mayoría de la población encuestada se encuentra en La Paz.

Relidd - Red de Líderes para la Democracia y el Desarrollo

De acuerdo a los resultados de la encuesta, la mayoría de los jóvenes no concluyeron un grado universitario (50,6%); y luego están aquellos que culminaron la universidad (35,6%).

De la muestra total de encuestados, el 62,2% señaló estar inscrito en algún curso de formación técnica o universitaria. Esto significa que la mayoría de los jóvenes, independientemente del nivel educativo alcanzado, se preocupan por continuar su formación/capacitación. De éstos, la mayoría indicó estar en cursos universitarios (66,8%); también destacan actividades de postgrado, idiomas, cursos informáticos y gestión de proyectos, entre otros.

A la hora de analizar la inserción laboral de los jóvenes, algunos autores centran su atención en las características individuales que el empleado ofrece, principalmente sus aptitudes técnicas y sus actitudes. Al respecto, se preguntó a aquellos que buscaban un empleo el por qué creían que no lo habían encontrado.

La mayoría, en los tres rangos de edad, creen no tener la experiencia laboral suficiente. Posiblemente, por esta razón muchos de estos jóvenes optan por estrategias como pasantías y/o continuar capacitándose. Es notoria también la demanda que los jóvenes hacen al Estado acerca de la formulación de políticas públicas efectivas en cuanto a inserción laboral.

No obstante, incluso las personas que indicaron estar estudiando, estuvieron buscando trabajo el último mes. El 80,6% señaló haber trabajado en el pasado; es decir, la gran mayoría de los jóvenes contó con alguna experiencia laboral, lo que lleva a pensar que, posiblemente, la permanencia en el sistema educativo se constituya en un refugio frente al desempleo.

La permanencia de los jóvenes en el sistema educativo se puede explicar por el esfuerzo que hacen sus familias para asegurar la prolongación del estudio, así como por el desaliento de los jóvenes al no encontrar una fuente de empleo. También importan otras variables como el bajo costo de la educación superior, la disminución del desempleo entre los jefes de hogar (en su mayoría adultos) y el aumento de los ingresos familiares.

Respecto a la demanda laboral, un 44,4% de los encuestados manifestó estar trabajando. Los hombres en general tendrían un mayor ingreso económico comparado con las mujeres. Existen varias hipótesis explicativas al respecto, la primera y más difundida es que se trataría de una discriminación sexista (machismo). Sin embargo, debe considerarse también que los varones ingresan al mercado laboral a más temprana edad, mientras la mayoría de las mujeres continúa sus estudios o se dedica, en algunos casos, a labores de casa.

Al mismo tiempo, revela, por ejemplo, que las mujeres tienen en promedio jornadas de trabajo menos prolongadas que los hombres en todos los rangos de edad, lo cual podría aportar otro factor explicativo de la diferencia de ingresos por género. El desempleo en general es mayor entre las mujeres.

Entre otros puntos del exhaustivo y profundo estudio y comprobándose una de las tesis del Cedla (2015), respecto al uso de conocimientos en las fuentes de trabajo; en la actualidad uno de los factores que impide una adecuada demanda de personal calificado es que impera en el medio el mayor crecimiento de la demanda de mano de obra no calificada.

Muchos de los empleadores buscan empleados no calificados, pero además de eso buscan evadir el cumplimiento de los derechos y beneficios sociales hacia los jóvenes trabajadores con experiencia, llegándose a dar contratos de locación de servicios, es decir por producto o temporales; estos contratos no hacen sino mantener la inseguridad laboral en los jóvenes.

Con la amplia oferta laboral, se menosprecia el capital humano desarrollado, teniendo muchos jóvenes que refugiarse en la economía informal; por su parte el sector privado tampoco muestra señales de emplear a jóvenes especializados. Ya bastantes jóvenes se ven en la necesidad de optar por las denominadas “pasantías”, con la esperanza de adquirir no solo “experiencia” sino también asegurar una fuente laboral.

Por otro lado, se puede inferir que más que buscar la capacidad técnica del joven trabajador, se busca una especie de ‘tabla rasa’ puesto que se pretende moldear al trabajador y que éste se adecúe a las necesidades de la empresa en las condiciones que ésta defina, sin importar el capital profesional que el joven pudiera tener.

Convencionalmente se piensa que un mejor nivel de educación brindará mayores oportunidades de inserción laboral; si bien los puestos de trabajo más especializados tienden a tener una mejor remuneración económica, las vacantes son escasas. Este escenario concuerda de manera alarmante con la siguiente afirmación: “Las tasas de desempleo más altas se registran entre los jóvenes con escolaridad media y superior, indicando la pérdida de importancia de la educación como vehículo de movilidad social. Esto deriva de la naturaleza de la demanda de trabajo, cada vez más concentrada en unidades económicas tecnológicamente más atrasadas que requieren fuerza de trabajo temporal con calificaciones medias o bajas”.

Lo curioso es que la amplia oferta laboral disponible termina siendo funcional a estrategias privadas de reducción de costos laborales. Es decir, de manera general, mejorar los niveles de educación en contextos de economías productivamente deprimidas contribuye a abaratar los costos de producción en términos de fuerza de trabajo, “la realidad del mercado laboral [en Bolivia es] que no demanda mano de obra calificada ni profesional ni técnica en los volúmenes esperados.

Por último, dadas las condiciones expuestas y las pocas oportunidades de empleo, quienes están dispuestos a aceptar fuentes laborales precarias (horarios, salarios, tareas, seguridad) son principalmente los jóvenes, de esta forma, su incorporación al mercado de trabajo garantiza una mayor ganancia para el empleador.

En términos crudos, las condiciones en la oferta y demanda laboral hacen de los jóvenes una fuente de mano de obra explotable (barata).

 

Metodología de recolección de datos

Consistió en la aplicación de una encuesta virtual durante los meses de abril y mayo de 2017, a personas entre 16 y 28 años usando las plataformas tecnológicas disponibles y el método bola de nieve, es decir aumentando el radio de jóvenes a través de los mismos encuestados y llegando finalmente a un tamaño de muestra de 320 personas, luego de filtrar a las que no pertenecían a este rango de edad. Del total de encuestados 43,8% son varones y 56,3% mujeres; 51,4% son de La Paz, 15,7% de Santa Cruz, 17,9% de Sucre, 8,1% de Tarija, 3,8% de Cochabamba, 1,3% de Trinidad, 0,6% de Potosí, 0,6% de Oruro y 0,3% de la ciudad de El Alto.

Los datos fueron tabulados y analizados mediante el paquete estadístico SPSS y graficados en Excel. Es importante recalcar que los datos propios corresponden a una muestra descriptiva no inferencial. Sin embargo, éstos son contrastados con información oficial, algunas entrevistas y otros estudios precedentes. A la vez se utilizó información de la Encuesta de Hogares realizada por el INE los años 2011-2015, los que fueron procesados con el paquete estadístico Stata 14.

Según datos del último censo en Bolivia (2012), los jóvenes representan un 25% de los habitantes. Muchos de estos jóvenes se enfrentan con un panorama adverso al momento de buscar y conseguir empleo tras finalizar sus estudios; algunos se someten a la pesquisa de un puesto de trabajo durante meses o incluso años. La problemática no siempre se resuelve una vez obtenida una fuente laboral, ya que en muchos casos se carece de derechos laborales, seguridad social y la remuneración no va acorde a las responsabilidades asumidas.

Además, el Gobierno nacional no contempla políticas públicas que coadyuven a mitigar el desempleo joven. A la par se ha identificado que, si bien las gobernaciones y municipios han implementado algunos programas que se ocupan de capacitar a estos jóvenes con el fin de facilitarles el acceso a empleo, el impacto no ha sido el esperado.

La coordinadora nacional de la Red de Líderes para la Democracia y el Desarrollo (Relidd), Fabiola Zambrana Pardo, señala que Bolivia hace ya una década está experimentando cambios sustanciales en sus estructuras etarias que se expresan principalmente a través de reducciones en el peso relativo de la población infantil y juvenil, el engrosamiento temporal de la población en edad activa y el aumento sostenido del peso de la población de adultos mayores. Zambrana explica que “en consecuencia, esto ha dado paso al llamado “bono demográfico”, que se refiere al período en que las tasas de dependencia descienden y alcanzan mínimos históricos, proporcionando una oportunidad para el incremento de las tasas de ahorro y el crecimiento de las economías, como ha sucedido en países del sudeste asiático”.

Para que este bono se convierta en beneficios reales para la sociedad, se requiere que las transformaciones de la población sean acompañadas por fuertes inversiones en capital humano, en especial en los jóvenes. Fundamentalmente, se necesitan políticas educativas y de empleo, adecuadas e integrales, para aprovechar los beneficios del bono sobre la cobertura educativa y potenciar sus efectos sobre la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible.

Consideraciones finales del estudio

* El “bono demográfico” hace referencia a la oportunidad que tendrían los países “en vías de desarrollo” al contar con gran población en edad de trabajar, la cual sería un potencial para su crecimiento económico.

Sin embargo, el “bono demográfico” es sinónimo de amplia oferta laboral, y una amplia oferta laboral en países con economías deprimidas, dependientes de la explotación y exportación de recursos naturales, y poco industrializados, no hace más que aumentar la competencia por fuentes laborales abaratando su costo de contratación. El “…crecimiento de la población (…) provoca que la demanda de empleo crezca a una tasa mucho más rápida que la oferta de empleo” (Farah, 1994: 28). Por tanto el “bono demográfico”, no es otra cosa que la sobrepoblación de mano de obra disponible y dispuesta a trabajar en un empleo precario y con un bajo salario. Entonces quizá en vez de llamarlo “bono” demográfico, debiéramos llamarlo “peso” o “carga” demográfica.

* Para reducir la oferta laboral, debe mejorar el sistema boliviano de pensiones, puesto que si las rentas no son económicamente suficientes, la población mayor retarda su jubilación ocupando puestos de trabajo que pudieran ser desempañados por gente joven que se inserta en el mercado laboral.

* En cuanto al desequilibrio entre oferta y demanda laboral, las universidades deben adaptar las carreras disponibles según un plan nacional; no es coherente formar a jóvenes en áreas no acordes al mercado laboral, a la estructura económica y/o al modelo de desarrollo que se pretende.

* Las políticas públicas de inserción laboral deben diseñarse tomando en cuenta el corto, mediano y largo plazo y en coordinación con los diferentes niveles de gobierno (gobierno nacional, departamental y municipal). A la vez, estas políticas deben incluir a sectores específicos entre los jóvenes como por ejemplo: jóvenes mujeres, jóvenes en situación económica desfavorable, jóvenes de origen rural, jóvenes discapacitados, entre otros.

* Es razonable enfocarse en crear empleos económicamente productivos en vez de empleos que aporten al crecimiento improductivo de la burocracia estatal. Esto suponiendo que el objetivo de un gobierno es el desarrollo de su país/departamento/municipio, por sobre la consolidación del respaldo político de empleados públicos.

 

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