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“No hay pura marraqueta, con sarnita más sería”, dice una vendedora a un padre familia que pidió diez marraquetas sin manteca. El comprador se retiró molesto buscando otro puesto sobre la acera de la fábrica Figliozzi, donde solo queda recuerdos de la calidad del tradicional pan de batalla que reinaba en la zona de San Pedro de la ciudad de la Paz.

Similar situación se vive en la Estación Central, en la calle Tumusla esquina Buenos Aires, puntos de abasto popular, pero que hace días los consumidores aguatan la condición impuesta por las vendedoras, quienes culpa al mismo tiempo a los panificadores. En la calle Eloy Salmón esquina Gallardo, una comerciante vende por las tardes a 0.60 centavos la unidad si alguien quiere pura marraqueta.

El secretario ejecutivo de la Federación de Panificadores Artesanales de La Paz, Dandy Mallea, admitió la venta “casada” (es decir condicionada a la compra de otro producto) de la marraqueta y responsabilizó a la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) por la no entrega oportuna de la harina.

En declaraciones a Erbol dijo que esa situación es porque más del 50 por ciento de los panificadores ya no recibe con regularidad la harina de Emapa a Bs 155 y debe acudir al mercado privado para comprar a 210 bolivianos el quintal de harina argentina.

Mallea indicó que Emapa les envió una carta de respuesta pidiendo esperar hasta el 12 de octubre, pero considerando al malestar de la población, este viernes volverán a las oficinas estatales a pedir celeridad en la entrega del principal insumo.   

Entretanto, más de un consumidor se retira con el desencanto de no llevar pura marraqueta y se ve obligado a comprar sarnitas, cachos, kolisas o kauquitas, que tienen otro sabor y un momento especial para su consumo.

La marraqueta fue declarada en 2006 patrimonio cultural e histórico por la entonces Prefectura del Departamento de La Paz, debido al especial gusto que genera la mezcla de harina blanca de trigo, agua, levadura y sal, luciendo una cresta crocante gracias a su corte longitudinal, hecha por un “gillette”.

Este pan de batalla típico de la ciudad de La Paz, tiene un masivo consumo en la población que por ahora no solo debe soportar la venta “casada”, sino también por el mal humor de algunas vendedoras, de recibir pan del día anterior como si fuera fresco.

Mallea sostuvo que la falta de provisión no solo afectó a los panificadores artesanales, sino también a los pequeños y medianos productores que reciben cupos por debajo de los 5 quintales/día. Hizo votos para que el problema se resuelva en los próximos días y no se agranden los incumplimientos.

Anunció además que pedirán que Emapa ya no distribuya sólo en la ciudad de El Alto, sino que abra un depósito en La Paz, con el fin de abaratar cargas adicionales de transporte y estibadores que lo único que hacen es encarecer el costo de producción a costa del  trabajo de los panificadores, según declaró Mallea.

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