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Llega el verano, y con él, las comidas y cenas fuera de casa, los aperitivos en chiringuitos de playa, los festines de barbacoas... y el calor. Una mala combinación de alimentos y las altas temperaturas puede jugar malas pasadas y provocar más sudoración de la cuenta.

La doctora Myriam Belmar, del servicio de nutrición y endocrinología del Hospital Vithas Nisa Pardo de Aravaca (Madrid) revela qué alimentos debemos evitar para que esto no ocurra y cuáles es mejor potenciar. «Se deben evitar principalmente los alimentos más grasos y más elaborados ya que al cuerpo le va a costar más digerirlos, va a invertir más energía y se va a incrementar con ello nuestra temperatura corporal y producir más calor», explica.

En concreto, prosigue esta doctora, «tendríamos que reducir al máximo el consumo de empanados, fritos, rebozados, salsas y cantidades grandes de carne roja. No quiere decir que no comamos carne, pero sí que optemos por filetes de 130 gramos, a lo sumo». Por supuesto, añade Belma, «pizzas, hamburguesas, tacos, pollo frito, platos de pasta cargados de salsa... deberían ser una excepción. Las digestiones tras su consumo son más pesadas y produciremos más calor y, por tanto, más sudor».

Lo ideal, prosigue esta experta, «es optar por la carne magra y a la plancha, pescado cocido, a la plancha, o al horno y si tomamos arroces, pasta o legumbres, que la cantidad no supere las 5-6 cucharadas soperas una vez cocidos y tomarlos mejor en forma de ensalada aliñada con aceite de oliva. Evitar guarniciones de patatas fritas o en aceite (“patatas a lo pobre”) y sustituirlas por guarniciones de verduras o ensaladas».

Disminuir la producción de calor

 

Para tener digestiones más ligeras y disminuir nuestra producción de calor, continua la doctora Myriam Belmar, «debemos estar hidratados y alcanzar más de 2 litros de líquidos al día». Para comer y cenar se pueden hacer, sugiere, «distintas cremas frías de verduras, gazpacho rebajado en aceite para hacerlo menos pesado, o incluso batidos de frutas y verduras (por ejemplo de zanahoria, espinaca, pepino y agua de limón)». Las verduras más hidratantes, recuerda, «por tener un mayor contenido en agua, serían: el calabacín, el tomate, la lechuga o las espinacas». A la hora del postre, recomienda esta nutricionista, «podemos optar por tomar una fruta rica en agua, como el melón, la sandía o la piña, en vez de postres más elaborados y azucarados difíciles de digerir y que incrementarían nuestra producción de calor».

Es muy práctico, concluye, «regular la temperatura corporal a lo largo del día con infusiones frías de té verde, té blanco o hierbabuena, incluso en forma de granizado casero. Tomar batidos muy copiosos, con azúcares y grasas saturadas no ayuda a eliminar el calor corporal, más bien lo incrementa. Podemos sustituirlo por una horchata preferentemente elaborada con edulcorante tipo estevia y baja en grasas».

 

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