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Si es de los que aún piensa que una buena manera de mantener el corazón sano y en forma es tomar una copa de vino tinto con las comidas, empiece a borrar esa idea de su cabeza.

Un estudio internacional, publicado por la prestigiosa revista médica «The Lancet», advierte de que el consumo seguro de alcohol no debería superar los 100 gramos semanales, una cantidad que podría traducirse en 5 o 6 copas de vino o cañas de cerveza a la semana. Cada chupito, cada cerveza o cada copa de vino que añadamos a esas cifras nos acortaría nuestra esperanza de vida y empezaría a sumar en contra de nuestra salud.

Los oncólogos llevan años advirtiendo de que el alcohol no es buenoni siquiera en pequeñas cantidades. No hay niveles de seguridad, según la Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Americana de Oncología. Porque beber, aunque sea poco, aumenta las posibilidades de que se geste un tumor. Pero nutricionistas y cardiólogos aún aconsejan consumos moderados para proteger el sistema cardiovascular. El nuevo análisis, una recopilación de 83 estudios con 600.000 consumidores de alcohol de 19 países, pone en duda también esta certeza.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Una copa diaria puede prevenir un ataque cardiaco aunque no protege a todo el sistema cardiovascular, demuestra la investigación internacional. Con más de 100 gramos de alcohol a la semana, se elevan las posiblidades de sufrir un ictus -hemorragia o infarto cerebral-, un aneurisma o tener arritmias, demuestra este trabajo.

El alcohol en el corazón es como una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Posee un efecto positivo, al elevar el HDL o colesterol «bueno», y negativo al disparar la presión sanguínea. Por eso tiene capacidad para beneficiar y, al mismo tiempo, incrementar patologías cardiovasculares graves y potencialmente fatales como es el ictus. «La disminución del riesgo de infarto de miocardio es estadística en un determinado intervalo de consumo, pero este efecto es parcial y desaparece al contemplarlo como mortalidad global», señala Agustín Gómez de la Cámara, epidemiólogo del Hospital 12 de Octubre y uno de los autores del metaanálisis publicado. Este experto no duda: «El abuso o consumo de riesgo está claramente asociado a muchos más riesgos y a la mortalidad total. A más alcohol peor salud».

Seguro no es beneficioso

Como explica Angela Wood, directora de la nueva investigación, «el mensaje clave de nuestro trabajo es que, si una persona ya consume alcohol, beber menos le ayudará a vivir más y a tener un menor riesgo de distintas enfermedades cardiovasculares graves». De la revisión de «The Lancet», se establece un límite «seguro» –que no necesariamente beneficioso– de consumo. Y a partir de aquí, las consecuencias para la salud son nefastas. Tomar 18 o más unidades de alcohol semanales (entendida una unidad equivalente a un vaso de vino tinto o a una caña de cerveza) puede acortar la esperanza de vida hasta en cinco años.

Ese límite de seguridad es un 50 por ciento más bajo que las recomendaciones de países como Italia, Estados Unidos, el Reino Unido o incluso España. Por ejemplo, en la última guía alimentaria de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, los nutricionistas españoles aconsejaban, con excepciones como las mujeres embarazadas o personas en tratamiento médico, un consumo máximo de 1-1,5 raciones al día de bebidas alcohólicas en mujeres y del doble en varones adultos. Si el cálculo se hace semanal, se excederían las 5-6 copas recomendadas como nivel de seguridad.

No zanja el debate

El trabajo podría zanjar el debate sobre si el alcohol realmente puede jugar un papel positivo en la salud. «Pero no lo hace», advierte Ramón Estruch, investigador del CIBER de Nutrición y del equipo IDIBAPS Hipertensión, Lípidos y riesgo cardiovascular. Estruch habla con ABC desde Alemania, donde asiste precisamente a un congreso donde defiende los beneficios del consumo moderado del vino dentro de una dieta mediterránea. «No es lo mismo tomarse los 100 gramos de alcohol semanales un viernes por la noche, que hacerlo de forma progresiva a ritmo de una copa diaria con la comida y dentro de una alimentación rica y variada como es la mediterránea», explica.

Este experto en Nutrición señala tres errores en el estudio de «The Lancet». Uno de ellos es que solo considera el patrón de consumo semanal, «más frecuente en la cultura anglosajona que en la mediterránea». También le llama la atención que solo se hayan medido los efectos en la salud cardiovascular en personas que beben habitualmente. «Estudios previos han demostrado que si se compara la salud cardiovascular de abstemios, con la de grandes bebedores y otros moderados, ganan los últimos», recuerda. El tercer error es que los consumos se miden, por las cantidades declaradas por los participantes en el estudio «y sabemos que siempre tendemos a confesar menos de lo que realmente bebemos, quizá por ello se ven más efectos negativos».

¿Una ginebra igual que el vino tinto?

Tampoco es igual el alcohol de una ginebra que el del vino tinto, el blanco o la cerveza, defiende. «Pensamos que las bebidas fermentadas son mejores que las destiladas y que tomadas de forma moderada, sobre todo en la cena, puede formar parte de un estilo de vida saludable. El vino tinto -mejor que el blanco y la cerveza- es uno de los pilares de la dieta mediterránea», defiende.

Estruch no desprecia las nuevas conclusiones, aunque prefiere esperar a los resultados que arrojará un estudio financiado por el Gobierno de Estados Unidos que comparará el consumo de una copa diaria de vino o cerveza con destilados y lo hará entre personas abstemias y bebedores. «El registro será minucioso y podremos contestar de forma concluyente a la pregunta de si el consumo moderado de alcohol es saludable o no», dice.

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