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A Martha Peña de Agramont le duelen los huesos de tanto subir y bajar por la plataforma de la carretera que pretende unir las poblaciones de Rurrenabaque y San Buenaventura, pero le duele más el árbol de mangos de 80 años que le tumbaron sin su autorización los obreros de la empresa china Sinopec, la misma que comprometió entregar el polémico puente sobre el río Beni, construido sobre una falla geológica.

 
“Han sacado árboles hermosos desde la raíz que tenían 25 años, un árbol es como un niño que no puede quejarse. No los han cortado. En la esquina había otro árbol hermoso de mangos de 80 años  y lo han sacado sin permiso alguno (…). Me estoy enfermando demasiado, no hubo consulta, ni siquiera de la Alcaldía”, expresa con angustia, según la agencia ANF.
 
Martha aclara que los vecinos no se oponen al puente, que se proyecta entregar entre octubre y noviembre, porque  se trata de una obra que debió hacerse sí o sí para unir San Buenaventura, en el norte de La Paz, con Rurrenabaque, al otro lado del río en el departamento de Beni, “mas no por el sitio que les dio la gana de hacerlo, estropeando a tanta gente”.
 
 
Con la ayuda de un bastón llegó hasta la curva superior de la plataforma donde los vecinos de la zona sur de Rurrenabaque convocaron a una reunión de emergencia ante la gravedad de la situación, tras haber sido afectados en sus propiedades por la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) y la autorización del alcalde del municipio, Anacleto Dávalos, del MAS. Denuncian que no fueron consultados ni compensados económicamente.
 
Salud Cartajena, también adulta mayor, quien llegó al lugar junto a su hija Cinthia, relata que vive con uno de sus hijos con discapacidad y con su esposo, un anciano cansado, pero aun así fueron obligados a salir de su propiedad para dar paso a la construcción de la plataforma.
 
“Los de la ABC me sacaron; primero me dijeron que no iba a ser afectada, después me dijeron que mejorarían mi terreno, pero yo, pobre sonsa no pude darme cuenta de sus intenciones cuando pusieron unas estaquitas por todo el corredor de mi casa”, relata mientras se aprieta la cabeza.
 
 
A Salud le dijeron que le afectarían unos cuantos metros, pero terminaron por inutilizar su terreno de 700 metros. “Pido que me devuelvan mi terreno tal como estaba o que me cuenten la plata, no puedo estar en alquiler tres años, me han tumbado mis naranjas, mis paltas”, reclama la mujer, la primera en habitar el barrio. 
 
“Creen que porque tienen dinero o porque trabajan para el Estado se pueden entrar a los terrenos, pueden hacer lo que les da la gana y humillar y pisotear a la gente (…). Toda la vida lo hicieron polémico, toda la vida lo hicieron político, y finalmente lo hicieron a su manera y lo hicieron por capricho. Y acuérdese, este proyecto no tiene futuro”, asegura Cinthia a ANF.
 
 
 
A medida que pasan los días, el temor crece entre los pobladores de Rurrenabaque, también llamada Perla de la Amazonía por la belleza de su paisaje. Quienes han sido testigos de la gestación del pueblo afirman que hubo una falta de planificación de parte de Sinopec, por modificar en varias ocasiones el proyecto inicial, así como la falta de una apropiada fiscalización de parte de la supervisora PROES, a la que denuncian parcializarse a favor de la china. 
 
La plataforma de la carretera todavía no fue estrenada, pero ya presenta rajaduras, al igual que varias casas que se encuentran a una cuadra de la plaza principal de Rurrenabaque y que resultaron ubicadas debajo del puente. Similar situación pasa en el lado de San Buenaventura, donde la concejala Dalia Flower Alcázar (ASP) teme que el puente agrave la situación de desastre cuando llegue el periodo de lluvias. 
 
 
 
Raúl Claros, expresidente de la Organización Territorial de Base Zona Sur, señala que conoce la problemática porque caminó por las oficinas de la ABC y la Alcaldía para que compensen a los afectados, pero lamenta que sólo se reconoció el valor de la casa y no del terreno, y peor aún,  sólo se pagó a los propietarios que contaban con registro en Derechos Reales, cuando no era ese un requisito.
 
“Solo quedan dos meses para que entreguen el puente y no habrá muro de contención, y la vibración de movilidades ya provocó la rajadura de casas. A punta de mentiras lograron el acceso”, denuncia.
 
También observa el embovedado de un riachuelo. “Lo llaman cajón de muerto por sus dimensiones, porque después de unas horas de lluvia se tapa y desborda”, dice.
 
Gerardo Gutiérrez, dirigente de la zona afirma que “Sinopec es una empresa que no está ejecutando la obra profesionalmente porque no tiene diseñados los servicios básicos de agua y alcantarillado, cambia a cada rato el proyecto, no tiene nada definido”.

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