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Boris Santos Gómez Úzqueda, MBA @BorisSGomezU

La democracia liberal –con todos sus altibajos– sigue significando: pluralismo, elecciones libres, alternancia en el poder, libertad y libre empresa. Y recojo esas palabras del Premio Nobel Mario Vargas Llosa cuando analiza su ya exitoso libro La llamada de la tribu que es una reciente tesis de defensa del liberalismo ante los ataques del populismo, del socialismo autoritario, del castrocomunismo y del pensamiento totalitario.

El liberalismo busca sencillamente la libertad individual, la limitación del papel del Estado en la vida de la sociedad, la fiel y absoluta protección de la propiedad privada, una justicia ciega y el imperio de la ley sustentada en un Estado de Derecho.

El nuevo defensor del liberalismo indica que fueron siete grandes pensadores responsables del cambio de pensamiento de la humanidad, y del propio cambio de pensamiento de Vargas Llosa: Adam Smith (1723-1790), José Ortega y Gasset (1883-1955), Friedrich August von Hayek (1883-1955), Karl Popper (1902-1994), Raymond Aron (1905-1983), Isaiah Berlin (1909-1997) y Jean-François Revel (1924-2006). Estos han influenciado a Vargas Llosa en su libro citado, por el que subraya la importancia del liberalismo como forma de conducción y comportamiento de la sociedad moderna. 

Ojo, que Vargas Llosa era socialista por confesión propia, hasta que vio y experimentó la realidad cubana y se dio cuenta de que esa izquierda no era pro-libertad sino todo lo contrario. Por otro lado el pensador español –y ahora universal– Antonio Escohotado, hace lo propio: desde su antigua participación y militancia comunista puede certificar que la izquierda autoritaria no es la solución para la creación de una sociedad justa, sino por el contrario es el liberalismo que innova, que crea que da la oportunidad y que es la única forma de construir sociedades.

La izquierda ve en el liberalismo a su enemigo principal porque la izquierda –en algún punto– se hizo altamente violenta y sectaria, dogmática y fundamentalista, en cambio el liberalismo siempre buscó –en democracia– una transformación vital sin dogmatismo.

Entre ambos –Escohotado y Vargas Llosa– han destrozado el pensamiento totalitario de la izquierda y han dado mayores luces al liberalismo.

Importante es subrayar, para las nuevas generaciones, que el liberalismo se contrapone radicalmente al absolutismo, al pensamiento totalitario y que cercena la capacidad de creación: Cuba, Bolivia, Venezuela son ejemplos recientes en América Latina de pensamiento antiliberal y peor: totalitario. Buscan perpetuar el poder y dejar minimizada a la gente. Liberalismo es contra la intolerancia, el stalinismo, sectarismo dogmático y fundamentalismo político.

Las bases fundamentales del liberalismo moderno se puede trazar hasta John Locke, los pensadores franceses tras la barbarie de Rosbespierre: Montesquieu (la separación de poderes del Estado y el imperio de la ley), Voltaire (defensor y promotor de la tolerancia en la sociedad) o Jean Jacques Rousseau (con su volonté générale y el contrato social).

El gran libro base del liberalismo es, sin duda, el de Adam Smith Causas y consecuencias de la riqueza de las naciones: establece que la única fórmula del éxito en la economía es limitar la intervención del Estado.

El comercio, la empresa, los negocios deben realizarse en libertad e igualdad sin la mano negra del Estado, que perjudica y que pone trabas en vez de coadyuvar.

El liberalismo pone en primer lugar a la libertad del individuo con derechos humanos, prensa libre, democracia plena, que hacen parte de una forma de sociedad “vivible” como dice Vargas Llosa, quien cuenta que llegó al liberalismo a través de lecturas de los pensadores citados.

Hayek y Popper siempre fueron consultados por la ex primera ministra Margaret Thatcher para analizar la conducción de una Inglaterra liberal y abierta. Tanto Thatcher como Ronald Reagan de Estados Unidos son paradigmas del nuevo liberalismo aplicado a sociedades complejas.

La principal bandera del liberalismo es la libertad de pensamiento, de expresión, de asociación, de prensa, que se dan únicamente en Estados de Derecho con leyes fundamentales inamovibles. No existe libertad de prensa en Estados totalitarios. Vean los únicos canales de comunicación estatal: Pravda en el derruido estado soviético o el único periódico Granma de Cuba.

El liberalismo no tiene respuestas para todo pero a través de la contradicción, el debate y la controversia se pueden encontrar respuestas, indica Vargas Llosa con relación al liberalismo y su interacción con la permanente contradicción en las sociedades para encarar diferentes desafíos de estos tiempos modernos de tecnología y de apertura.

Democracia y liberalismo van de la mano. Es imposible que haya liberalismo sin democracia. Como es imposible que haya economía abierta, libre empresa, sin liberalismo.

El liberalismo promueve un Estado pequeño, no intervencionista, con una función precisa: establecer reglas de juego que permitan competencia libre. No olvidemos que la sociedad hace mejor muchas cosas con relación al Estado.

El liberalismo hoy está centrado en la tolerancia y el combate al pensamiento totalitario.

Finalmente, me suscribo al criterio que el liberalismo es fuerza pensadora, transformadora permanente buscando prosperidad y bienestar con pluralidad.

Análisis