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Juan Pablo Peña, Máster en Derecho Civil


 
Pasó la crisis generada por el bloqueo en Chile y la presión para implementar un puerto soberano en Puerto Busch, se esfumó, incluyendo a las autoridades locales, lo cual significa que ese asunto únicamente sirve como marketing en campaña de propuesta política para algún candidato o salida momentánea ante un eminente conflicto.
 
Con la declaración de ‘interés regional para el Mercosur’ a favor del proyecto corredor bioceánico ferroviario central, dictado por los presidentes de los Estados Pares, el 21 de julio en Mendoza, Argentina, apoyando la integración férrea desde el Puerto de Santos – Brasil hasta el Puerto de Ilo – Perú, pasando por Bolivia, el sueño de Puerto Busch se aleja o al menos se posterga, porque el promotor de dicho proyecto férreo es Bolivia, lo cual demuestra su intención de continuar con la dependencia de puertos extranjeros.
 
Recordemos que Perú exigía que Bolivia le garantice al menos 10 millones de toneladas de carga mensual, para pensar en poder efectuar inversiones a futuro en el Puerto de Ilo. Ahora con la declaración del Mercosur, tiene sobradas razones para decretar la Declaratoria de Interés Nacional y comprometer inmediatamente los $us 1.000 millones necesarios para ampliar el Puerto.
 
Esa no es una mala noticia para el comercio exterior, pero confirma que Puerto Busch no es de interés nacional a pesar que cuenta con el financiamiento de privados para su ejecución, el que resulta ser 40%  menor al presupuesto que Perú requiere para habilitar Puerto de Ilo.
 
Es que resulta difícil entender la idiosincrasia administrativa, porque en Latinoamérica es común que cada gobernante traiga consigo un concepto independiente sobre la visión de Estado, conducta nada extraña en nuestro país, con la agravante que los funcionarios públicos al  no ser de carrera, son retirados o cambiados del cargo, a la menor presión política.
 
Hagamos números y como ejemplo consideremos uno de los puertos chilenos, los usuarios del puerto presupuestan aproximadamente el pago de $us 3,75 por tonelada exportada, multiplicando esta cifra por las toneladas de carga que Perú mensualmente exigía para implementar Puerto de Ilo, llegamos a una cantidad impresionante de dinero que Bolivia bien podría inyectar a nuestra economía, al contar con un puerto soberano y esto sin contar los servicios accesorios que se genera (transbordo, alimentación, combustible, mano de obra, etc.).
 
Ser vecino de Bolivia no es fácil, inclusive cuando se piensa como país de tránsito de las cargas al Pacífico, las empresas extranjeras están sometidas a pagar un precio mayor por la compra del diésel, falta de mantenimiento y auxilio en algunas de sus rutas, los conflictos sociales, la condición que la carga pesada pasa por territorio nacional únicamente si es transportada por empresas locales, entre otros.  
 
No es un misterio que el tener acceso a la mayor cantidad de puertos al Pacífico y Atlántico es muy importante para la carga boliviana y si es propio mejor, entonces, ahí radica la importancia de Puerto Busch. Hacemos votos para que los gobernantes de turno, entiendan que explotar la Hidrovía Paraguay-Paraná es la solución más viable para romper con la dependencia del comercio exterior en el manejo de carga de importación y exportación por puertos extranjeros, tal opción podría contribuir a bajar los tiempos, costos de transporte y logística hasta en un 50%, no estará sujeta a decisiones políticas, económicas y sociales de otros gobiernos, en palabras más simples, efectuar tamaña inversión en puertos extranjeros, aunque sea bajo concesión nacional, no garantiza que el día de mañana no suframos otro tipo de bloqueo al igual que el sufrido hace días atrás, al final de todo estamos en territorio ajeno.

Análisis