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Marcelo Vasquez Lema/ Especialista en sistema de gestión>

En la universidad, como en las demás organizaciones, parte de la clave de la calidad es tu personal disfrutando lo que hace.

Mejoramos un 20 % lo pagado por hora académica, se invirtió en tecnología educativa (plataforma virtual, conexión de alta velocidad, acceso a bibliotecas virtuales, computadoras portátiles y pizarras inteligentes, entre otros), promovimos la formación del cuerpo docente con becas que oscilaban entre el 30, 40 y 50% para posgrados, mejoramos los ambientes de trabajo y esparcimiento académico, entre otros aspectos.

Resultados: Solo se logró un 12% en la mejora de los indicadores de calidad académica que utilizábamos, respecto al 45% que se pretendía,… ¿por qué?!!!..., habíamos aplicado mejoras sustanciales (incluso contábamos con mucho mejor equipamiento que la mayoría de las universidades locales) y cumplido con varias de las recomendaciones de los llamados expertos en la gestión educativa.

Entonces decidimos cambiar la forma en como identificábamos aquello que deberíamos considerar prioritario para mejorar la calidad académica.  Nos reunimos de forma individual con los considerados 10 mejores docentes de la universidad (por sus logros y aportes académicos, la percepción estudiantil, entre otros). ¡Sorpresa!, para 9 de los 10 entrevistados la docencia no era su actividad ni fuente de ingresos principal; estaban involucrados en la formación profesional (pese a sus horarios difíciles) por que disfrutaban hacerlo y no sentían “flojera” de dedicarle su tiempo de “descanso para preparar su material académico”; si bien era importante la remuneración recibida, no era la razón por la cual decidían dar una cátedra o seleccionar una u otra universidad, entre otros aspectos. En pocas palabras, dar una cátedra no era una obligación o necesidad, era un placer.

Este resultado nos llevó a repensar como evaluar el desempeño docente. Antes considerábamos su puntualidad al llegar, presentar material y subir evaluaciones, por ejemplo; ahora evaluamos su actitud en clase, frecuencia de actualización profesional, investigaciones que realiza sobre la temática que imparte, participación en otros espacios académicos (foros, conferencias, …) y, valorando en gran medida, si ejerce profesionalmente lo que “enseña”.

Esto vuelve a reforzar aspectos importantes como que “antes de la infraestructura, procedimientos, y otros, debemos asegurarnos de contar con personal que realmente siente pasión por lo que hace.”  Uno de los factores principales, junto a un buen liderazgo, es tu personal disfrutando cada minuto su trabajo (y si es así, no se si deberíamos llamarlo trabajo).

  

 

Análisis