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Walter Morales Carrasco, es Vice-Presidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz.

Concluyendo el 8vo. mes del año, acabamos de conocer el dato oficial de crecimiento del PIB al primer trimestre de 3,3%, inferior al 5,4% a similar corte del periodo anterior, pero también menor al promedio de los últimos 12 años. Aunque ya por otras vías, resultaba indiscutible la desaceleración que viene sucediéndose con mayor notoriedad en este 2017.

Un sector que aporta con variables proxy, al guardar positiva correlación con el crecimiento económico, es el Sistema Financiero Nacional (SFN), cuyo mejoramiento y solidez venía destacando. Las ampliamentes positivas pendientes de aumento en créditos, depósitos y apertura de sucursales han pasado a convertirse en tendencias más horizontales, ratificando el freno al anterior dinamismo que la bonanza permitió. La disminución de liquidez, percibida por los agentes económicos, es confirmada por un diferencial depósitos-cartera cada vez menor.

 Los primeros crecen mucho menos que los segundos en una relación de velocidad 1 a 5. Este escenario explica también el incremento de tasas de interés, cuyo comportamiento al alza es más plausible y será otro elemento endógeno de restricción para gasto e inversión al aplicar medidas contracíclicas. En tal sentido, es crucial que los niveles de liquidez actuales sean adecuadamente ejecutados y generen efectos de significación; caso contrario, tenderá a ser un bien aún más escaso, agravando la situación.

 Aunque el SFN se encuentra sólido y con mayor resiliencia, también por la aplicación de medidas de prudencia y estándares de tendencia global en gestión de riesgos, presenta cierta vulnerabilidad en eventos extremos. La mora se ha incrementado en cerca de Bs 600 millones, si bien es baja (menos de 2%) y la cobertura de previsiones razonable (1.5 veces), dado que es una variable con deterioro de tendencia geométrica en las crisis, si aplicáramos simulaciones con los parámetros de dos dígitos del anterior ciclo complicado, vivido a principios de los 2000, el nivel patrimonial se vería seriamente afectado.

 El excesivo intervencionismo y utilización del SFN como herramienta de política económica social expansiva incrementa las vulnerabilidades. Un tipo de cambio anclado, importante porcentaje de cartera coaccionada, descalce por regulación de tasas activas y pasivas entre largo y corto plazo, incremento de carga impositiva, entre otros, han retraído la potencialidad de capitalización patrimonial, tan necesaria para proteger y responder ante coyunturas adversas, con restricciones de fondeo. Lo anterior, también genera otro sesgo; más obligaciones que incentivos a invertir (incluyendo tecnología y recursos humanos), lo cual no redundará en beneficios para el cliente y su corrección será complicada. Existe clara evidencia que el desarrollo del sistema financiero tiene capacidad predictiva de eficiencia y crecimiento económico, lo cual no se logra con excesos regulatorios.    

 Parafraseando al célebre Schumpeter, “tanto mercado como sea posible, pero tanto Estado como sea necesario”. Aunque la regulación es necesaria para atender fallos de mercado en sectores con estructuras que tienden al oligopolio, dados problemas de selección adversa y asimetrías de información, su exageración puede también resultar perversa en contextos menos benignos.

 

Análisis