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Wálter Morales Carrasco/ Analista e Investigador>

Coincidente con las predicciones teóricas del crecimiento endógeno, donde el conocimiento permite generar rendimientos constantes e incluso crecientes a escala, los últimos avances y estudios están confirmando a la economía digital como un notable multiplicador. Estados Unidos lidera con un quantum de alrededor de US$ 6 trillones, que representa 1/3 de su PIB.

También cabe mencionar que la ola digital China estaría explicando parte importante de su avance en los últimos quinquenios. De acuerdo con Oxford Economics (2015), intensificar la densidad digital conlleva externalidades positivas. Pero también, según McKinsey (2015), las perspectivas de los próximos años sitúan un rango de 20% - 60% de compañías, líderes o no, en riesgo de adaptación; por lo que las que emprenden estrategias basadas en el óptimo manejo de su información desarrollan mejores trayectorias (Utesheva et al., 2016; Bughin&VanZeebroeck, 2017).

Lo digital viene generando disrupciones de manera exponencial con la capacidad de afectar y rediseñar estructuras de mercado más rápido que ninguna fuerza en la historia. Disruptores de modelos de negocio como Nokia, Apple, Facebook, WhastApp, Uber, Alibaba, Air bnb o Bitcoin, son ejemplos de valoraciones y caídas. Sus efectos transversalizan industrias y culturas.

Mercados más líquidos, transparentes y consumidores cada vez más exigentes e informados. Como plantea el Global Center for Digital Transformation (2016), esta dinámica de desplazamiento de sectores y recomposición de participaciones puede ser entendida con un modelo de vórtice, cuyo centro ejerce una fuerza rotacional que jala todo lo que se encuentra a su alrededor. Su evolución es caótica e impredecible.

Las industrias con mayor urgencia son las más próximas a la tecnología y sus potencialidades: Medios, Retail, Servicios Financieros, Telecomunicaciones, Energía o Salud, sin dejar de mencionar Manufacturas y Esparcimiento, principalmente. Ponerle atención deriva en habilidades y aceleradores que refuerzan la productividad. Con las herramientas adecuadas, es posible la anticipación, al discernir patrones, integrar sistemas de datos diversos y su gobernanza estratégica. Algoritmos predictivos y de scoring para atender necesidades, crear y capitalizar oportunidades.

Estas inversiones en tecnología, además de significativos ahorros, generan economías de alcance. En suma, obtener valor de la información y lo digital mediante innovación combinatoria, como refiere Hal Varian (2015), economista de Google y profesor de la Universidad de Berkeley.

Los desequilibrios a generarse tenderán hacia nuevas normalidades, pero en escenarios cada vez más complejos, en lugar de solamente complicados. La gran limitante es que aún muchos ejecutivos no han entendido su real magnitud o adecuada gestión, encontrándose frente a peligros y oportunidades, por lo que actuar resulta un imperativo. No es una moda, es una ola. Independientemente de su posición de mercado, Ud. decida si la enfrenta o se sube a ella.

Análisis