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Boris Santos Gómez Úzqueda, Máster en Administración de Empresas, analista de Energía

Resiliencia y desafío van de la mano. En el primer concepto estamos enfrentados a nuestra propia capacidad de adaptarnos ante cambios traumáticos y dolorosos; en el segundo estamos retados –por el entorno o por nosotros mismos– a competir de nuevas fórmulas ante escenarios complejos.

Entendamos servicios o prestación de servicios petroleros a compañías privadas de pequeño, mediano o a veces de gran tamaño que se especializan en servicios de construcción y montaje de ductos, sísmica, provisión de válvulas, fabricación de turbinas, equipos de perforación, mecánica industrial, tuberías, servicios de ingeniería, sistemas de medición, obras civiles, mantenimiento y operación, software especializado a la industria, servicios contables, legales, catering, de transporte terrestre y aéreo, entre otros.

La caída de precios del petróleo no solo puso en apuros a naciones como Venezuela o Bolivia que prácticamente viven de vender materia prima: petróleo y gas; sino también puso en apuros a grandes transnacionales y corporaciones del sector oil & gas; lo que lógicamente empujó a que todo el mercado que se desenvuelve en ese entorno deba realizar reajustes –obligados o planificados–, uno de ellos el de compañías de servicios a la industria.

Las grandes corporaciones –en algunos casos– llegaron a renegociar contratos –amén de hacer recortes de personal y de reducción de costes–, lo que naturalmente obligó a las compañías de servicios a verse sujetas en una encrucijada: cerrar o continuar. La caída de precios del barril afectó a toda la cadena productiva del sector.

Una de las principales causas de la crisis de estas compañías es la falta de liquidez por ausencia de nuevos proyectos de escala, ocasionada como ya repetimos hasta el cansancio por la caída de los precios del petróleo, así como la disminución de los contratos sumados a los asuntos públicos que son de percepción muy sensible en este campo. Ejemplo, la excesiva regulación, tributación para pequeños y medianos emprendimientos.

El sector de servicios petroleros aporta bastante a la economía de países de extracción de materia prima y su venta. Venezuela, Bolivia, Colombia, Ecuador, son países –por excelencia– en este lado del hemisferio con muchos emprendimientos y compañías privadas de servicios a la principal industria.

Ante tal escenario, resiliencia y desafío es responder qué estrategias aplican para seguir adelante las empresas de servicios petroleros. La respuesta va de la mano de aplicar exquisitas políticas de administración y nuevo management:

a) Reingeniería: ver dónde y cómo reacomodar activos, b)  Alta competitividad: además del odioso recorte de costos y de personal, establecer cómo ser mejores y más competitivos en el nicho de mercado en el que se desenvuelve, c)  Benchmarking: copiar lo bueno que hicieron otras compañías de servicios en otros países y aplicar; además de evitar los errores que se cometieron en antaño y evitar errores que cometieron esas empresas que les sirven de modelo; d)  Minuciosidad en la revisión de estados financieros. Buenos auditores y contadores que ayuden a identificar fuentes de costos y oportunidades de ahorro, moviendo algunos flujos, estando atento a inversiones (menores o medianas) etc; e) Reglas más equilibradas: de manera que las grandes corporaciones o compañías tengan mejor canal de comunicación y de relación contractual con las prestadoras de servicio, y no se coloque todo el riesgo de algunas operaciones en responsabilidad de las prestadoras de servicio que son, obviamente, más pequeñas en escala y volumen; f) Tecnología: siempre apostar por nuevos procedimientos con tecnología de punta, estar al día en tecnología es estar al día en competitividad, g) Certificaciones: normas ISO al día son otro factor que debe considerarse como una herramienta para paliar la crisis. Muchas empresas se dejan estar y es por ello que se descuidan en sus certificaciones internacionales, h) Alianzas estratégicas: fortalecer el rol de la asociación en tiempos de crisis. En sinergias positivas, en asociaciones accidentales de servicios para reducir costos y enfrentar proyectos; i) Implementar políticas de eficiencia energética: ver cuál es su factura de consumo de energía (conceptualmente luz o gas) en sus operaciones y aplicar procesos de reducción de consumo sin que afecte la calidad de sus servicios; y j) Incentivos estatales: las compañías deberían cabildear, vía sus organizaciones, en generar incentivos desde el Estado para favorecer al pequeño y mediano emprendimiento mediante la reducción o condonación de ciertas cargas fiscales que permitan no despedir tanto personal y evitar los problemas en cadena que se generar al perder fuentes de trabajo.

Las prestadoras de servicios tienen siempre, además, el desafío de convertirse en mucho más eficientes y competitivas cuando ingresan corporaciones o compañías de gran tamaño al sector exploración/explotación, que normalmente son internacionales y vienen con culturas corporativas diferentes y exigen mucho más a las prestadoras de servicios locales.

La revitalización de estas compañías vendrá, ciertamente, cuando se incrementen inversiones a escala en el sector, cuando el Estado busque inversionistas en volumen de proyectos grandes. Pero ello ocurrirá, únicamente, en escenarios políticos estables.

Análisis