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Antonio Rocha G. / Presidente CRDA SC

 

 

El anterior mes, durante diez días hemos sido testigos de un bloqueo de la frontera con Argentina tan absurdo como perverso, donde supuestamente más de mil personas, que se dedican al tráfico ilegal de mercancías en lo que se conoce como contrabando hormiga camuflado como tráfico fronterizo, paralizaron la zona. Hablamos de los señores bagalleros.

 

El objetivo del bloqueo tanto del puente internacional como de la vía férrea era estrangular la formalidad de las importaciones de maíz, trigo y harina que realizan tanto la industria como importadores legalmente establecidos quienes pagan sus tributos aduaneros y sustentan los cada vez menos empleos formales y que además generan alimentos para todos los bolivianos. Esto es un atentado a la legalidad y preocupa aun más la pasividad con la que se encara el problema queriendo jugar al cansancio de los bloqueadores sin ver el enorme perjuicio que se causa a la economía del país.

 

Es aún más penoso ver la desesperación de los sacrificados exportadores bolivianos de bananos, palmitos y otros productos que se exportan a la Argentina quienes en diez días de bloqueo han tenido que sopesar la perdida de productos, el incumplimiento de entregas, el encarecimiento de sus costos y el deterioro de su confiabilidad como proveedores de un mercado tan exigente como competitivo como es el mercado argentino. La pregunta es quien resarce los daños de diez días de bloqueo, y la respuesta es obvia, nadie.

 

El problema es que los señores bagalleros quieren que además de la franquicia que ya se tiene para el tráfico fronterizo, se le permita realizar Despacho de Menor Cuantía (hasta $us 3.500) sin el pago de aranceles y sin permiso sanitario, sin el cumplimiento de las formalidades que se exige a las industrias e importadores habituales.

 

Finalmente, lo que creo que debemos entender gobernantes y gobernados es que el problema del bloqueo de carreteras y puentes no es un problema social, sino, delincuencial y perverso que atenta flagrantemente contra la sociedad y la economía, por tanto la respuesta debe ser a la medida de su naturaleza. El supuesto problema social que origina el acto de bloquear es harina de otro costal, y responsabilidad de a quien le toque.

 

Análisis